Literariamente, el personaje de Nerón no encuentra verdadera consistencia hasta el siglo XIX; llegamos así al Nerone de Pietro Cossa (1830-1881), tragedia en cinco actos y un prólogo, representada en 1871.
Encontramos aquí a un Nerón sonriente e inconsciente, más loco que terrorífico, en torno al cual el Imperio empieza a resquebrajarse, mientras surge el ideal cristiano. Nerón esquilma a sus súbditos para satisfacer sus ideales estéticos, pero si se encuentra ante las propias víctimas, como Varonila, prefiere hacerles restituir sus bienes a soportar el espectáculo de su dolor; se deja amansar por sus propios enemigos, como Mucrón, con un vaso de vino; se ocupa más de mujeres que de política; por fin, abandonado por todos, sigue el ejemplo de su fiel amiga Atte y se suicida. En esta tentativa de vida artísticamente abstracta, despreocupada de la realidad que destruye, encontramos un motivo nuevo para el teatro italiano que, empero, no ha sido profundizado ni expresado cumplidamente.
U. Déttore

