La vida de las «Ilustres aventureras» — como decía rotundamente el título de una reimpresión de las Memorias hecha en Colonia — está tan entrelazada con las vicisitudes de la corte de Francia y de la sociedad italiana y española que con gran dificultad se consigue distinguir lo verdadero de lo falso entre calumnias, leyendas y apologías.
Sobrinas del cardenal Mazarino, Hortensia y María, así como sus hermanas Laura (llamada también Vittoria), Olimpia y María Ana, y su hermano, después duque de Nevers, conocen muy pronto esplendores, amistades y parentescos de excepción; pero también experimentan la mordedura de la envidia y las enemistades de los cortesanos. Por esto, hacia 1675, las Memorias de la duquesa de Mazarino [Mémoires de la Duchesse de Mazarin] (esto es, de Hortensia), redactadas por el Abbé de Saint-Réal, despertaron un gran interés entre sus contemporáneos, hasta el punto de incitar a una compilación apócrifa (1676) de Memorias [Mémoires] atribuidas a su hermana María, la condestable Colonna. – Pero ésta replicó en persona con una obra con el título de La verdad en su preciso punto [La vérité dans son jour] y después, con la ayuda de un literato, Saint- Bermoád, que escribió la presentación de la obra, con la Apología, o las Verdaderas memorias de Madame María Mancini, Condestable de Colonna, escritas por ella misma [Apologie, ou les véritables Mémoires de Madame Maria Mancini, Connétable de Colonne, escrits par elle-même] y publicada en Leiden, en 1678.
Las Memorias de las dos hermanas, con un apéndice de otro documento y memorias de la época y también con páginas de las Memorias apócrifas de María, han sido reeditadas con anotaciones históricas en París, en 1929, al cuidado de Pierre Camo. En sus Memorias, Hortensia (1647-1688) aspira a defenderse de la maledicencia, atribuyendo el carácter novelesco de su existencia más al desgraciado destino que a su inclinación. Nacida en Roma, es llevada a Francia, en 1653, a la edad de seis años, y más tarde se casa con Armand de la Meilleraye de la Porte (1632-1712), hecho duque de Mazarino por el poderoso tío de Hortensia, el cardenal del mismo nombre, con ocasión del matrimonio. Pero pronto varias aventuras clamorosas turban aquella unión: primero la simpatía por un eunuco, un cantante italiano, y después otras relaciones ponen en mal lugar a la bella dama. El marido, celoso del hermano de ella, no lo soporta; después de varios escándalos, ella, por orden superior, es encerrada en un convento; intenta una fuga peligrosa, pero vuelve a su prisión. Los reprimidos episodios del matrimonio tuvieron nueva continuación, también con deliberaciones judiciales, pero por el ascendiente del duque en la preparación de un proceso, Hortensia no halló nada mejor que huir a Roma, a casa de su hermana María.
De regreso a Francia para obtener una pensión de su tío, se ve obligada nuevamente a la vida de convento, pero Luis XIV intenta restablecer las paces entre ella y el duque. Hortensia se niega y, huésped del duque de Saboya, escribe las memorias en defensa de su conducta. (Después reside en Inglaterra, entre nuevas aventuras, hasta su muerte). Las Memorias de su hermana María (1640-1715?) son mucho más amplias y complejas. También ella, romana de nacimiento, después de haber pasado en un convento dos años para prepararse a la vida monacal, es conducida a París con su hermana; introducida en la Corte, muy pronto se relaciona íntimamente con el rey Luis XIV, y sólo por razones de estado el cardenal Mazarino impide un matrimonio de amor. Después es concedida por esposa a Lorenzo Onofrio Colonna, gran condestable del reino de Nápoles (m. 1689), que la conduce a Italia. Entre fiestas y diversiones transcurre su nueva vida; pero, después de haber dado algunos hijos a su marido, le induce a separarse de ella por aparentes motivos de salud. Con la llegada de su hermana Hortensia, resuelve también ella abandonar el techo conyugal, y para ello huye a Civitavecchia, donde, en una embarcación, tras escapar a duras penas a los piratas, puede escapar y llega a Provenza. Se dirige a París, donde espera protección del soberano; pero recibe la prohibición de acercarse a la capital; además, su marido la persigue con sus indagaciones, y es detenida en Bruselas y conducida por las autoridades españolas a Madrid, y encerrada en un convento. Allí nuevas aventuras, también galantes, la empujan a la fuga; recluida en otro convento, nuevamente escapa a las indagaciones, pero en vano intenta defenderse con un cuchillo y es encarcelada sin miramientos. Al fin debe resignarse a ser novicia, pero luego consigue evadirse y entrar secretamente en Francia y después en Italia, donde se extingue tristemente.
Las Memorias de estas hermanas son, pues, notables, si no por el intento de defenderse de las acusaciones de ligereza y de infidelidad conyugal, a lo menos por el vigor de la narración y la evocación de costumbres y figuras de la sociedad del «siglo de Luis XIV».
C. Cordié

