Memorias, François de La Rochefoucauld

[Mémoires]. Se publicaron en 1662; la primera parte, que quedó inédita, apareció en 1817. Se extienden de 1624 a 1652. Después de un rápido esbozo de los acontecimientos que señalaron sus años de infancia, François de La Rochefoucauld (1613-1680) em­pieza a hablar de sí mismo, de su ingreso en la Corte (1629), de donde, hostil a Ri­chelieu y devoto de la reina Ana de Aus­tria, es alejado (1636); durante breve tiem­po permanece preso en la Bastilla (1637) y es luego desterrado a Verteuil hasta 1639. Muerto Richelieu (1642) y Luis XIII (1643), se dirige más abiertamente a la reina y es uno de los opositores del nuevo ministro Mazarino. Al afianzarse éste con el favor de la soberana, La Rochefoucauld, casi en desgracia ante ella, indignado por dicha ingratitud, trata de imponerse del modo más peligroso, combatiendo a la reina y a Mazarino (1646): su amor por Mme. de Longueville le incita y domina.

Así, tiene un papel importante en la lucha de la «Fronda» (1648-1652), conducida por el Parlamento, el pueblo y los grandes seño­res contra el poderío real; combate, es he­rido gravemente en 1652, en París, en la Puerta San Antonio, y se encuentra sobre todo complicado en las mil intrigas que están detrás de aquel movimiento peligroso para la unidad del Estado Vencida la «Fronda», La Rochefoucauld, retirado de la vida pública, escribió sus Memorias, cierta­mente interesantes (sus contemporáneos las apreciaron mucho) y preciosas para la his­toria de dichos años. El tono es sobrio, austero, a menudo muy vivo; el autor, que en los años últimos y más dramáticos habla en tercera persona de sí mismo, disimula bas­tante bien su intención apologética. No oculta lo que había de pobremente ambi­cioso en la oposición de los Grandes a la autoridad regia, ni el motivo menos noble que inducía al mismo La Rochefoucauld: ansia decepcionada de honores, rencillas, pasiones galantes y aventureras. En la cró­nica secreta, entre los bastidores de la «Fronda», se supera como retratista feliz, agudo investigador del alma, que hace pre­sentir al moralista. Con las Memorias pue­de relacionarse la Apología escrita en 1649 y publicada en 1855. En ésta, las razones personalísimas de oposición a Mazarino son confesadas más francamente, según el prin­cipio de la propia utilidad, que recuerda de cerca las Máximas (v.). [Trad. española de Cipriano Rivas Cherif (Madrid, 1919)].

V. Lugli