Diálogo histórico sobre la vida y sobre la obra de San Juan, obispo de Constantinopla.

En 1680 E. Bigot publicó en París, de un ma­nuscrito del siglo XI de la Biblioteca Laurenciana de Florencia, un diálogo dedicado a la vida de San Juan Crisóstomo, que en el 1738 reprodujo Montfaucon en el vo­lúmen XIII de su gran edición crisostomiana. Se trata de una larga conversación que un obispo oriental y un diácono romano llamado Teodoro, sostienen en Roma so­bre las luchas que San Juan Crisóstomo, «Boca de Oro», el poco afortunado patriarca de Constantinopla, hubo de sostener contra sus numerosos adversarios. No se trata por tanto de una biografía en forma dialogada, sino de una propia y verdadera apología. El obispo oriental trata de descomponer la urdimbre de mentiras que los enemigos hicieron circular a propósito de Crisóstomo.

En la primera parte, están los documentos auténticos de cómo se desenvolvió la histórica controversia. En la segunda parte, se enfrenta con la serie de imputaciones que Teófilo de Alejandría hizo contra Crisóstomo en una obra también conocida en Roma. El diácono romano enuncia problemas y examina las acusaciones, pero, al fin, coincide con el juicio del oriental, y declara que la Iglesia Romana nunca dejará de tener en alta estima el recuerdo del gran orador, muerto mientras la polémica tenía lugar, y que no dejará de exigir a sus enemigos la rehabilitación.

La obra es por tanto de extraordinaria importancia para el conocimiento de la situación eclesiástica oriental en los albores del siglo V. Investigaciones recientes aseguran que el autor de la obra es el obispo Paladio de Helenópolis, autor de la preciosa Historia Lausiaca que nos da ideas tan sugestivas a la vez que tan novelescas sobre la vida de los ascetas egipcios al caer el siglo IV. Quien más ha contribuído al descubrimiento del autor de la obra es el benedictino inglés Butler, con un ensayo que, en 1908, publicó, en Roma, en los voluminosos tomos en que se recogieron los «Estudios e investigaciones sobre San Juan Crisóstomo» realizados con motivo de celebrarse el décimoquinto centenario de su muerte.

E. Buonaiuti