Crónica de los Césares, Konrad von Regensburg

[Kaiserchronik]. Es el más importante poema his­tórico rimado de la Edad Media alemana, compuesto a mediados del siglo XII por un eclesiástico de Ratisbona relacionado con Enrique el Soberbio: probablemente el mis­mo autor del Rolandslied (v. Cantar de Roldan), es decir, el padre Konrad von Regensburg muerto hacia el año 1150. Esta crónica rimada toma como punto de par­tida la fabulosa historia de los emperado­res romanos, entrelazada con la de los pa­pas, llegando a la muerte de Lotario (1137), en su primera redacción, a los preparativos de la coronación de Conrado III (1147), en la segunda, revisada por el mismo autor, a la muerte de Federico II (1249), en una ter­cera redacción revisada por un desconocido, y al reinado de Rodolfo de Habsburgo (1276) en una cuarta redacción, revisada también por un desconocido.

El autor, que se documenta en las más variadas fuentes latinas y alemanas, no sólo históricas sino también legendarias y novelísticas, declara en el prólogo su deseo de narrar la historia de los Césares para aumentar los conoci­mientos de los lectores y para contribuir a la salvación de su alma. El motor que impulsa la obra es especialmente religioso y la narración, inspirada en el concepto agustiniano de la historia, es utilizada y forzada para demostrar el progresivo triun­fo del cristianismo. La historia de los em­peradores romanos es fantástica y rica en leyendas según el modelo de una crónica latina medieval perdida, de la cual Konrad se sirvió; ésta parece ser que demues­tra tan sólo cómo la idea cristiana triunfa sobre el paganismo y sobre el judaísmo, ya sea por la fuerza de las armas, ya sea por la fuerza de la verdad. A la serie de los emperadores romanos, sigue la de los em­peradores germánicos, que son los herede­ros directos y los continuadores del impe­rio romano. También esta parte de la cró­nica está entretejida de historias, fábulas y aventuras con las que Dios quiere probar la fe de sus devotos. Narra peligros, sufri­mientos y desgracias, tras de los cuales un devoto triunfa o un inocente calumniado es rehabilitado.

De entre los emperadores ger­mánicos, Carlomagno, Ludovico Pío y Lotario II son los mejores; en cambio, es mal­vado Enrique IV, Teodorico, el héroe de la gesta nacional germánica, es arrastrado por los demonios entre las llamas de una mon­taña en fuego. Naturalmente, no se puede exigir de esta crónica verosimilitud his­tórica. Los hechos se exponen sin orden ni concierto, las fechas de los reinados no son exactas (Tarquino el Soberbio figura entre los emperadores), los lugares o son impre­cisos o imaginarios. Por lo demás, toda la visión histórica asume el color de la épo­ca del poeta, de manera que se habla de caballería, de torneos, de galantería y de amores en todas las épocas: Colatino re­cuerda torneos, Lucrecia parece una caste­llana y Totila entiende de «trovas». A pe­sar de este carácter inherente al género de la obra que es un libro de caballerías y de devoción, la crónica ha servido de fuente y de modelo a numerosas crónicas alema­nas posteriores, como la Crónica universal (v.) de Rudolf von Ems y de Jansen Enikel, la crónica rimada de Heinrich von Müncher, la Crónica universal sajona en prosa, etc., y ejerció una gran influencia sobre muchos poetas de la misma época.

M. Pensa