La publicó Galíndez de Carvajal en Logroño en 1517 por orden de Carlos V. Es la última de las grandes crónicas españolas. Se imprimió con el nombre de Fernán Pérez de Guzmán a título de autor (1376-1460), y poco después se dieron los nombres de diversos autores (Lope de Barrientos, Pero Camilo de Albornoz, etc.). Hoy, sin embargo, la hipótesis más plausible atribuye la primera parte a Alvar García de Santa María (muerto en 1460) y el resto a otros diversos autores, entre los que parece cierto que Juan de Mena (1411-1456) escribió los capítulos que se refieren a 1452, y Diego de Valera (1412-1448?) los relativos al Condestable don Álvaro de Luna, a cuya caída contribuyó Valera.
La Crónica se enlaza con la de Ayala y comprende el período que va desde la muerte de Enrique III (1406) a la muerte de Juan II (1454). La narración sigue el período año por año, con riqueza detallada de documentación, especialmente donde la motivación de los acontecimientos políticos podía esclarecerse a través de las pasiones de los hombres y del contraste de sus caracteres; de aquí el relieve que en ella alcanzan ciertos personajes políticos sobre el elemento caballeresco (el citado Condestable, don Iñigo López de Mendoza, el infante don Enrique, etc.), lo cual da a la crónica un naciente interés histórico que, unido a la clara conexión de sus partes, a la buena elección de los hechos y al vivo sentido del color, justifica el éxito de la obra.
C. Cremonesi
La más puntual y más atendible de cuantas han llegado hasta nosotros. (Mondéjar)

