La Metamorfosis, Franz Kafka

[Die Verwandlung]. Novela en alemán de Franz Kafka (1883-1924), publicada en 1916. Es la primera obra extensa de este escritor. Lo mismo que en las demás obras de Kafka, los acontecimientos ocurren en un ambiente pequeño burgués, entre gente impulsada por el ansia de dominio y esclava de las mezquinas preocupaciones del empleo y de la ganancia. La acción está contada con de­talles realistas, pero lo que acontece está más allá de las leyes del espacio y del tiempo, y es símbolo de un sentido más profundo.

El empleado viajante Gregor Samsa, único sostén de su familia después de la muerte del padre, se siente feliz por poder permitir a su hermana, apasionada de la música, continuar los estudios de vio­lín. Tras una noche agitada por pavorosos sueños, Gregor se despierta transformado en un enorme insecto, sin que la trans­formación exterior haya modificado su al­ma, sedienta de bondad, rebosante de afec­to. Dándose cuenta de la repugnancia que inspira, poco a poco Gregor se acostumbra a dormir bajo la cama, para huir a las miradas de la madre y de la hermana; se nutre con los desperdicios de la basura, se siente feliz en la suciedad y huye de la luz. Todos huyen de él, avergonzándose de tener en casa un insecto tan horrendo; sólo una vieja criada, una campesina, continúa cuidándolo, como si nada hubiese ocurrido, y mientras le da pedazos de manzana, conversa amigablemente con él.

Gregor, ahora, no abandona su escondrijo; pero una tarde, atraído por los acordes del violín, sale poco a poco y se dirige hacia la luz que penetra por la puerta abierta, y sin darse cuenta se encuentra entre los familiares allí re­unidos. Cuando se dan cuenta de su presen­cia, todos huyen llenos de horror; la madre, exasperada, lanza contra él una manzana, que le da en el cuerpo, rompiéndole el caparazón. Retirándose a su escondite, Gre­gor muere cuando la coraza se le desprende a consecuencia de la herida recibida. Nadie se da cuenta de su muerte. Sólo la vieja criada, arrojándolo con la basura, se apia­da de él suspirando: «¡Pobre bestia! Ya acabaste de sufrir». Con su simbología rea­lista, con su esfuerzo por objetivar en la palabra el estado de ánimo puro, casi con una fenomenología mística, es uno de los documentos más típicos del gusto que domina en la literatura alemana del 1915 al 1925. [Trad. castellana aparecida en la colección de la «Revista de Occidente» (Ma­drid, 1945)].

O. S. Resnevich