Yung Lo Ta Tien, Chéng Tsu

[Enciclopedia de la era Yung-lo]. Enciclopedia china famosa por haber sido la más vasta de las obras de su género, hoy por desgracia perdida. Fue compilada entre 1403 y 1408 por orden del emperador Chêng Tsu (1403-1425) de la dinastía Ming (1368-1643).

Yao Kuang-hsiao, Liu Chi-ch’ih y Chieh Chin fueron los pre­sidentes de la comisiócomisiónalmente nom­brada por el soberano, con la cual trabaja­ron cinco redactores y veinte subredactores. A la redacción del texto contribuyó tam­bién la obra de los alumnos de tres escue­las chinas. El trabajo fue terminado a fines de 1407, esto es, el quinto año de la era Yung-lo (1403-1424), de donde el nombre de la obra. Más que una enciclopedia en el sentido moderno de la palabra, esta obra era una colección de textos raros, repartidos en diez categorías, según los temas: libros ca­nónicos, filosofía, historia, literatura clásica, astronomía, geografía, supersticiones, medi­cina, religión, arte; el conjunto abarcaba veintidós mil ochocientos setenta y siete vo­lúmenes, además de otros sesenta de índi­ces. Este inmenso repertorio de la cultura china, por lógicas dificultades económicas, no fue nunca impreso. Del original, presen­tado manuscrito al trono y salvado del in­cendio que en 1562 destruyó el palacio im­perial, el emperador Shih Tsung (1522-1567) mandó hacer (1567) dos copias.

El original, conservado en el palacio imperial de Nankín, fue destruido a la caída de la dinastía Ming; una copia, conservada en Pekín al principio de la dinastía Ch’ing (1644- 1912), había ya perdido dos mil cuatrocientos veintidós volúmenes y fue destruida más tarde en un incendio (1797). La otra copia conservada en la Academia Imperial de Pekín («Han Lin Yüan») fue en gran parte destruida durante la revuelta de los boxers en 1909, y los trescientos volúmenes res­tantes durante la revolución de 1911 se re­dujeron a setenta, los cuales se hallan hoy custodiados en el Ministerio de Educación. La importancia de esta obra, que es quizá la más gigantesca enciclopedia redactada, está en la circunstancia de que salvaba del olvido o de la destrucción gran cantidad de obras antiguas o raras, por lo cual no se puede menos de lamentar su triste destino.

S. Lokwang