Visión de los Tiempos, Joaquim Fernandes Teófilo Braga

[Visão dos Tempos]. Epopeya cíclica de la humanidad, del escritor portugués Joaquim Fernandes Teófilo Braga (1843-1924), publicada en 1894-95. Está formada en gran parte por composiciones ya aparecidas en los volúmenes: Visão dos tempos (1864), Tempesta­des sonoras (1864), Ondina do lago (1866), Torrentes (1869) y Miragens seculares (1884).

Orientada según la pauta de la victorhuguesca Leyenda de los siglos (v.), pero con un mayor acento sobre los motivos filosóficos, la epopeya quiere ser una síntesis de las emociones humanas de la época, interpre­tando desde un punto de vista positivista las grandes fases históricas que la prece­dieron. Se divide en tres ciclos: «Ciclo de la fatalidad», «Ciclo de la lucha», «Ciclo de la libertad». El primer ciclo está formado por un himno a la «Tradición» y el poemita en cinco cantos en verso alejandrino «Si­glos mudos», que representa al hombre en lucha con las fuerzas naturales: instintos, castas, religiones, odios nacionales. El se­gundo ciclo está dividido en tres partes: un himno a la «Historia», «Amanecer oriental» y «Aurora occidental». El «Amanecer orien­tal» consta de dos secciones: «Lenguaje de los mitos» y «El arpa de Israel», el primero de siete, el segundo de ocho poesías, que a través de cada uno de los episodios o reconstrucciones didácticas muestra las condiciones del hombre bajo las diversas civilizaciones antiguas.

La «Aurora occi­dental» consta de cuatro secciones: «Anti­güedad homérica», «Orbe romano», «Rosa mística», «Paladines del amor», que evocan la civilización griega, romana, cristiana, medieval y renacentista, hasta la época de los descubrimientos y la conquista española. El «Ciclo de la libertad» consta de las si­guientes composiciones: «La Filosofía», «La Tradición», «La Historia», «El banquete delos Libres»: una serie de poemitas sobre el acontecimiento de la revolución política y religiosa, donde se imaginan a Diderot, Galiani, D’Alembert, Helvetius, Raynal, Buffon y Rousseau, huéspedes del barón de Holbach en el parque de Granhval, y con­versando en torno a una mesa; «El vértigo de lo infinito», un episodio de la vida de Goethe como exaltación de la sed inextin­guible de lo ideal y del culto del arte mo­derno; «Los grandes clamores», alegoría que canta la vuelta del hombre libre al estado de bruto, atacando indirectamente el mili­tarismo de Napoleón.

Cada uno de los cua­tro volúmenes de la epopeya va acompa­ñado de prosas expositivas de la doctrina que lo anima. Estas prosas, que son lo mejor de toda la obra, por la coordinación y el nexo de las ideas que expresan, nos mues­tran cuánto hubieran ganado en claridad las concepciones filosóficas del autor sin los obligados moldes de las estructuras del verso. La epopeya está bien concebida, den­tro de su arquitectura, pero la pesada tra­bazón didáctica raramente se resuelve en formas míticas, y en su conjunto la obra no consigue darnos aquella emoción estética y espiritual que es propia de la poesía y del arte.

L. Panarese