Vaiśesika Sūtra, Kanāda

Obra filosófica india, que contiene la exposición fundamental del sistema «vaiśesika». Se remonta a los siglos II o  III de nuestra era, y es atribuida a Kanāda, el comedor de átomos.

Aparece di­vidida en diez partes, que tratan de las sustancias, del espacio, del tiempo, de la psicología, de la doctrina atómica, de la per­fección, de la indiferencia, de la causalidad, etc. Sólo en pocos lugares se encuen­tran ideas teológicas y éticas o referencias a la autoridad de los Veda (v.) como revela­ción. Probablemente se trataba de una obra profana y científica en sentido realista, que los brahmanes transformaron en un sis­tema teológico-ortodoxo. El objeto de la obra consistía en dar una teoría de las cate­gorías o predicados de las cosas. El origen del sistema « vaiśesika » se hace remontar al siglo II a. de C. Este sistema distingue entre sustancias espirituales y materiales. Estas últimas están compuestas de átomos («anu») infinitamente pequeños, eternos e indestructibles. Los átomos forman moléculas bina­rias, ternarias, etc.

Y difieren cualitativa­mente entre sí (a diferencia de los átomos de Epicuro); así, existen átomos de tierra , de aire, de fuego, de agua, etc., sumergidos en el espacio continuo o éter («ākāsa») y ordenados por dos fuerzas: el tiempo y la orientación según el espacio. Su magnitud es la sexta parte de un grano de polvo en un rayo de sol. Las sustancias espirituales o almas son infinitas y eternas. Están dota­das de conciencia («manas») e inteligencia, mediante las cuales perciben el universo y están unidas a éste por dicha percepción, que ata el alma al mundo. De la materia nacen todos los males y, en primer término, la reencarnación según las leyes del «karman» o acción. Por consiguiente, el alma debe procurar liberarse de la materia: a tal fin contribuyen las prácticas del «yoga» o ascetismo. El universo está compuesto de nueve sustancias: tierra, agua, fuego, aire, éter, tiempo y espacio, alma y «manas» o conciencia.

Estas sustancias poseen a su vez atributos mediante los cuales se manifiestan, y son: color, olor, contacto, número, di­mensión, separación, conjunción, desunión, prioridad, posterioridad, conocimiento, placer, dolor, deseo o aversión y voluntad. Mediante estos atributos obran sobre el es­píritu y determinan las acciones. El «vaiśesika» afirma la realidad del mundo exte­rior, en oposición al Budismo, que lo con­sideraba como una ilusión; y la realidad del alma, como sede de la conciencia. El ritmo de la vida, las actividades del espíritu’, las sensaciones, los sentimientos y los deseos son prueba de la existencia del «átman» o alma, que es sustancial, increada e indivi­sible. Las almas son infinitas; el alma su­prema es Dios, mónada infinitamente supe­rior a todas las demás. El «vaiśesika» es, por lo tanto, ontológico y deísta. Constituyó un compendio al que se atribuyó gran valor en los primeros siglos de nuestra era, y viene a mostrar que el espíritu indio tuvo también tendencias positivistas. Existe una traducción inglesa de Nandalal Sinha en los Sacred Books of thè Hindus, vol. VI, 2.a ed. (Allahabad, 1923).

A. M. Pizzagalli