[Traite de mécanique céleste]. Esta obra monumental del matemático François Tisserand (1845-1896), publicada entre 1889 y 1896, comprende cuatro volúmenes, el último de los cuales fue terminado por el autor poco antes de su muerte.
El primero comprende la teoría general de las perturbaciones según el método de las variaciones de las constantes arbitrarias. La aplicación de este método a la mecánica celeste está presentada por Tisserand de dos modos diferentes en relación con los trabajos de Jacobi y de Lagrange, adoptando las mismas fórmulas y notaciones de su maestro Le Verrier en la explicación de las teorías de los grandes planetas. Tisserand presenta una teoría de las funciones de Bessel, y la fórmula de Hansen para el desarrollo de ciertas funciones de las coordenadas en el caso del movimiento elíptico. Dedica un capítulo al famoso descubrimiento del planeta Neptuno hecha con el cálculo de Le Verrier y Adams por medio de las perturbaciones de Urano. La teoría de las perturbaciones queda completada con el teorema de Poisson sobre la invariabilidad de los ejes mayores de las órbitas planetarias, por el método de Gauss para calcular las desigualdades seculares y por la transformación de Hansen de las ecuaciones diferenciales aplicadas con tanto éxito en las determinaciones de las perturbaciones de los pequeños planetas. El segundo volumen comprende la teoría de la forma de los cuerpos celestes y de su movimiento de rotación.
La primera parte trata de la forma de equilibrio de una masa fluida, homogénea, de los elipsoides de tres ejes, de la forma de la Tierra, de la Luna y de los anillos de Saturno, comprendiendo todos los resultados obtenidos hasta su tiempo. La última parte trata de la rotación de los cuerpos celestes y especialmente de la Tierra y de la Luna; además de la precesión, de la nutación y de las posibles variaciones del eje terrestre, de la rotación y libración de la Luna, y en los dos últimos capítulos, de la rotación de un cuerpo de forma variable, que provoca los efectos de las variaciones geológicas en la Tierra, falta de rigidez en su corteza, enfriamiento secular, retraso debido a las mareas; y finalmente, de los efectos de la atracción solar y lunar sobre la desviación de la vertical. En el tercer volumen Tisserand expone el resumen de las teorías relativas al movimiento de la Luna. La parte más interesante del libro es quizás aquella en que se discute el estado de la teoría (1894), aún poco satisfactoria, en relación especialmente a la aceleración secular y a las desigualdades a largo plazo.
El cuarto volumen contiene la teoría de los satélites de Júpiter y de Saturno y las perturbaciones de los pequeños planetas. Al trazar una breve historia de este problema a partir de los trabajos de Laplace, Tisserand da a entender modestamente haber hecho más accesible una de las más bellas teorías de la mecánica celeste, que parece complicada sólo por la dificultad de las notaciones. En la última parte del volumen son discutidas las superficies del nivel y por último la forma de la atmósfera del Sol, de los planetas y cometas, con la referencia de las investigaciones de Schiaparelli sobre estos últimos. Cierra el volumen una confrontación de las leyes de Newton con las observaciones realizadas, y un breve análisis de los trabajos fundamentales de Le Verrier y Newcomb sobre el mismo asunto, del que resulta que solamente Mercurio presenta notables anomalías que la ley de Newton no alcanza a explicar, pero que al presente parecen encontrar su interpretación en la teoría de la relatividad.
Este completo tratado de mecánica celeste coordina todos los descubrimientos y progresos hechos en este ramo de la astronomía desde Newton hasta Laplace, facilitando la lectura de las memorias originales. Muchas materias han sido enriquecidas por Tisserand con conclusiones importantes y siempre claras y elegantes. Especialmente en las teorías de los satélites, donde las dificultades por la gran proximidad de los cuerpos se agravan, Tisserand ha aportado notables investigaciones, entre otras la de evidenciar, con sólo la ayuda del cálculo, el achatamiento de Neptuno. Este texto clásico fue impreso por los editores franceses Gauthier-Villars de modo impecable.
G. Abetti

