[Testament politique]. Obra de doctrina política del cardenal Armand du Plessis de Richelieu (1585-1642), publicada después de su muerte en 1667.
Hacia 1635, el cardenal, desesperando, debido a su enfermedad, de poder acabar las Memorias que había ido escribiendo con intenciones históricas, quiso ofrecer al rey Luis XIII un cuadro más sucinto de su obra y de su pensamiento político; así nació el Testamento, que contiene, en la primera parte, expositiva, los acontecimientos de 1624 a 1638; aparece luego un tratado de la política a seguir respecto a los tres órdenes, clero, nobleza y tercer estado; una doctrina del Estado, del consejo real (y en especial del ministro) y del Príncipe.
Con la exposición de los hechos (informada por la idea, típica de la historiografía surgida con el Renacimiento, de considerar la historia pasada como modelo de la futura; pero concretada por el deseo humanista de que en el inmediato futuro no se frustrara una orientación política de inmensos resultados), el cardenal demuestra haber seguido puntualmente su programa inicial: rebajar a los grandes, abatir a los hugonotes y elevar en el exterior el prestigio de Francia; acción concebida y desarrollada a base de la unidad absoluta del Estado bajo la monarquía, y en continuo antagonismo con España, dentro del amplio cuadro de una concepción política de la cristiandad en la que el Estado, investido de derecho divino y por tanto sustraído a la tutela de la Iglesia, adquiere aquella dignidad moral que supera la parte pasajera y contingente del maquiavelismo (ampliamente asimilado por el cardenal), imponiendo al rey — que ya no es sólo un príncipe afortunado, sino el representante de la monarquía hereditaria — obligaciones de coherencia y de fidelidad a sus compromisos internacionales, que el modelo maquiavélico podía descuidar a su antojo.
En relación con el orden eclesiástico, el cardenal propugna una disciplina de órdenes, obispados y tribunales, que entra de lleno en el galicanismo, más aún, en un fundamental laicismo; debe restablecerse la fidelidad de la nobleza a la monarquía; el tratado del tercer orden comprende un examen de las reformas de Richelieu en el campo judicial y tributario, que produjeron, con la supresión de la venalidad y la transmisión hereditaria de los cargos, la aparición en Europa de la primera clase de funcionarios, únicamente dedicados al Estado. La parte más importante de la obra es la que concierne a los deberes del ministro y del príncipe; especialmente el prototipo del hombre de gobierno tiene un carácter netamente autobiográfico y se basa sobre todo en el concepto de la «vertu mâle», la energía dominadora y creadora que es el equivalente richeliano de la «virtù» maquiavélica y constituye la síntesis de la capacidad (inteligencia) y de la probidad (voluntad), términos psicológicos bajo los que se oculta un dualismo intelectualista de teoría y práctica, inherente a la mentalidad racionalista del cardenal, que él resuelve día a día con una obra de intuición y de construcción, fiscalizada por la razón, cartesianamente entendida y vivida como espíritu de análisis.
El Príncipe ha de saberse identificar con el Estado y por ello mismo mantenerse en una esfera elevadísima de dignidad moral, de imparcialidad, de desapasionamiento. Aquí Richelieu demuestra un talento singular de «moralista» que no tuvo un desarrollo autónomo, sino que permaneció al margen de la acción, como una sabiduría fría y luminosa. Las relaciones ideológicas más notables se advierten con Maquiavelo, Bodin y Suárez; la exposición es de una nitidez absoluta y recuerda, en los puntos más delicados, la habilidad del teólogo y del polemista.
U. Segre
Cuanto era posible en cuestión de mejora social en tiempos de Richelieu, fue hecho por aquel hombre cuya inteligencia lo comprendía todo, cuyo genio práctico no excluía nada, que iba del conjunto a los detalles, de la idea a la acción, con una habilidad maravillosa; poseía en grado único la universalidad y la libertad de espíritu. (Thierry)

