Principios del Arte de Gobernar, Adam Müller

[Elemente der Staatskunst]. Obra de Adam Müller (1779-1829), publicada en Berlín eii 1809. Los Elemente der Staakskurist nacie­ron como ciclo de conferencias que Müller pronunció en el invierno de 1808-09 a hom­bres de Estado y diplomáticos.

No hay una gran originalidad, sino más bien una buena asimilación y elaboración de ideas ajenas: de Edmund Burke, de los primeros román­ticos, de Fichte, de Schelling, de Hegel, de Friedrich Gentz que había sido amigo y maestro de Müller. Toda su obra parece atormentada y arrastrada por dos fuerzas opuestas y antitéticas: por un lado cierta tendencia a un realismo casi violento, por otro un retorno continuo a motivos fantás­ticos, y sentimentalismos abstractos y poco claros. En el centro de la construcción polí­tica de Müller está el Estado. El Estado que es una unidad, una personalidad, un individuo, susceptible de crecimiento y des­arrollo; un gran conjunto, movido y vivo, que comprende la vida exterior e interna de la nación.

Y si a finales del siglo XVIII se afirmaba el individuo frente al Estado, ahora Müller defiende todo lo contrario: la vida individual no es ni puede ser sino un miembro o instrumento de una poderosa y gran unidad, formada por el pasado y el presente: el Estado Totalitario. Las guerras son inevitables crisis de desarrollo, impulso que las generaciones presentes recibieron de las generaciones pasadas, necesidad de expansión.. Estas ideas de Müller culminan en el principio de nacionalidad, verdadera razón de vida de los Estados. La naciona­lidad, tal como Müller la define, es fusión de intereses públicos y privados; de Estado, pueblo e individuo. Pero no es suficiente tal fusión y unificación del individuo con el Estado; es necesario que más tarde los Estados sé vinculen entre ellos formando una confederación de Estados; el patriotis­mo llega a ser internacionalismo.

Éste ha de tener además una base religiosa; per­tenece a la Iglesia, a la ley de la religión, la tarea de regular las recíprocas relaciones entre los grandes Estados europeos, y al clero la tarea de unir entre ellos a los indi­viduos del Astado. Partiendo de una con­cepción férrea y totalitaria del Estado, el romanticismo de Müller no quería admitir luego que el primer deber del Estado es el de conservarse a sí mismo; por lo tanto trataba de ennoblecer este fin egoísta con la idea religiosa, con sueños Universalistas tejidos én una trama de elementos místicos. Y así al tronco de un crudo, realismo se juntan ideas románticas, sin base firme; en toda la obra se advierte el escaso ajuste de los ideales a la realidad, la falta de una visión clara, la incapacidad de profundizar en su complejo desarrollo los problemas planteados y la inorganicidad de ideas que :— aunque a veces geniales — a menudo se deshacen en una gran confusión.

E. Vanzzetti