Para la Crítica de la Economía Política, de Heinrich Karl Marx

[Zur Kritik der politischen Oekonomie]. Obra de Heinrich Karl Marx (1818- 1883) publicada en Berlín en 1859. Se la con­sidera como prólogo de su gran obra acerca del Capital (v.). El mismo Marx proyecta de este modo en el prefacio el esquema de la Crítica de la economía política: «Exami­no el sistema de la economía burguesa se­gún el siguiente orden: capital, propiedad inmobiliaria, trabajo asalariado; Estado, co­mercio internacional, mercado mundial. Mis documentos se me presentan bajo forma de monografía que he escrito en épocas muy diferentes para mí mismo y no para publicarlos». La elaboración (realizada entre 1857 y 1867) de esta obra, constituirá des­pués la primera parte del primer volumen del Capital. Con todo, siguen siendo funda­mentales las páginas del prefacio en las que se formula con precisión científica la que Marx llama «la revisión crítica de la filosofía del derecho de Hegel». Tal revisión «vino a dar este resultado: que las rela­ciones jurídicas y las formas políticas del Estado no pueden comprenderse por sí mis­mas, ni por medio del llamado desarrollo general del espíritu humano, antes bien tienen su raíz en las relaciones materiales de la vida… y por otra parte la anatomía de la sociedad civil ha de buscarse en la economía política».

De este modo Marx sin­tetiza las investigaciones en torno a la eco­nomía política trazando las líneas principa­les del materialismo histórico: las relacio­nes entre los hombres son necesarias e in­dependientes de su albedrío; son relaciones de producción, y corresponden a un deter­minado grado de desarrollo de las fuerzas materiales de producción. El conjunto de estas relaciones constituye la estructura eco­nómica de la sociedad, o sea, la base que determina primero y sobre todo el proce­so social, político e intelectual de la vida. No es la conciencia del hombre la que de­termina su ser, sino su ser social el que determina su conciencia. En un punto dado de su desarrollo, las fuerzas productoras materiales de la sociedad se encuentran en contradicción con las relaciones precedentes de la producción dentro de las cuales aque­llas fuerzas se habían movido antes, y en­tonces empieza una época de revolución. De este modo mirando las cosas a grandes rasgos, las formas de producción asiática, antigua, feudal, moderno-burguesa, pueden considerarse como épocas progresivas de la formación económica de la sociedad. Mien­tras la concepción materialista de la evolu­ción histórica dogmáticamente entendida no sirve para una crítica filosófica profun­dizada, el diagnóstico marxista de las con­tradicciones innatas en la economía y en la civilización burguesas tiene mayor interés a la luz de los acontecimientos posteriores.

Es una lástima que también Marx — a pe­sar de su crudo realismo — incurriese en la acostumbrada utopía de todos los reforma­dores, sosteniendo que las relaciones bur­guesas de la producción eran «la última for­ma antagonista del proceso social de la producción» y que, por esto, con ella ter­minaba la «prehistoria del género humano»; como si, en un momento dado, pudiesen determinarse condiciones materiales tales que resolviesen todos los antagonismos entre las fuerzas sociales, y pudiera resurgir un nuevo paraíso terrenal.

P. E. Taviani