[Orient oder Rom]. Recopilación de ensayos del historiador austríaco Josep Strzygowski (1872-1941), publicada en Leipzig en 1901 con el subtítulo explicativo «Contribuciones a la historia del arte antiguo tardío y paleocristiano».
El principal objeto de este libro es el comentario de algunas notables obras de arte oriental, de los primeros tiempos cristianos, adquiridas por el Museo de Berlín, como un relieve procedente del Asia Menor con figuras de Cristo y de los Apóstoles, una escultura en madera y estofados con figuras egipcias. Otros dos ensayos tratan de un pequeño sepulcro de Palmira, del siglo III, con decoración pictórica y restos arquitectónicos del templo de Constantino el Grande en la iglesia del Santo Sepulcro, en Jerusalén.
Con todo, más que en los resultados específicos de estas investigaciones, el mayor interés del libro consiste en la tesis revolucionaria, enunciada por primera vez en esta obra, acerca de los orígenes del arte paleocristiano. Invirtiendo la opinión generalmente admitida de los estudiosos, y oponiéndose especialmente a F. Wickhoff — según el cual el arte surgido en Roma con caracteres originales en los dos primeros siglos después de Jesucristo debió difundirse por todo el Imperio, sustituyendo la civilización figurativa del helenismo y formando de este modo el substrato del arte paleocristiano de Oriente, y después del bizantino (v. «Genesis» de Viena) —, Strzygowski sostiene que corresponde al Oriente, esto es, al Asia Menor, a Siria y a Egipto, con sus grandes centros de Antioquía, Efeso y Alejandría, una parte preponderante en la formación del nuevo arte cristiano y tiende, en cambio, a excluir toda influencia decisiva de Roma.
De este modo, por ejemplo, serían de origen oriental tanto el tipo de la basílica cristiana como el de los edificios con cúpula, como Santa Constanza de Roma. Ensanchando más cada vez el campo de sus propias investigaciones, él autor ha llegado, después, en sucesivos escritos, a «plantear la alternativa, no ya entre Roma y Oriente, sino entre el helenismo y Oriente, y concluye incluso en favor de la hipótesis orientalista, reconociendo una función preeminente al Irán, a Mesopotamia y a su avanzada en Occidente, Armenia : aquí debieron originarse los motivos constructivos elaborados después en la arquitectura románica y hasta en la del Renacimiento italiano.
Ha sido vastísimo el eco de estas ideas, suscitadoras de polémicas vivas todavía. Si bien las teorías de Strzygowski se fundan en pocos datos de hecho seguros y, en todo caso, de difícil interpretación (lo que aquí cuenta, en efecto, no es tanto la procedencia de un motivo iconográfico o de un procedimiento constructivo, como el modo con que estas influencias exteriores son acogidas y artísticamente reelaboradas), sin embargo, corresponde a su obra el mérito de haber abierto nuevos horizontes a los estudios acerca de la génesis del arte paleocristiano y bizantino; como elemento negativo se advierte, en fin, en Strzygowski una desvaloración sistemática preconcebida de la originalidad creadora de Roma en el campo de las artes figurativas.
C. A. Dell’Acqua

