Organon del Arte de Curar, William Cullen

[Organon der rationellem Heilkunst]. Tradu­ciendo a su lengua materna el Tratado de la materia médica [Treatise of the Materia medica, 1789], del sabio escocés William Cullen (1710-1790), el médico alemán Sa­muel Hahnemann (1755-1843) quedó sor­prendido al comprobar que los síntomas producidos por la quinina en un cuerpo sano son semejantes a los de aquellos en­fermos que precisan justamente del empleo de ese medicamento.

El estudio que siguió a esta comprobación condujo a Hahnemann a revalorizar el adagio mantenido por Hi­pócrates (Obras de Hipócrates), sostenido por todos los médicos homeópatas y enun­ciado claramente por el escocés Kenelm Digby en su Discurso pronunciado en una célebre asamblea referente a la curación de las llagas (en París, en casa de A. Courbé, 1658), a saber: «Similia similibus curantur».

Este adagio, una vez comprobado expe­rimentalmente por el doctor Hahnemann, se transformó en la clave primordial de toda la medicina homeopática, y llevó al autor a publicar, en 1805, el primer tra­tado médico de homeopatía: Los efectos positivos de los medicamentos observados en el hombre sano [De viribus medicamentorum positivis sive in sano corpore humano observatis], en el que enuncia la segunda gran ley homeopática: «Todo medicamento produce sobre el hombre sano dos efectos opuestos, según que sea prescrito en peque­ñas o en grandes dosis».

Este tratado fue seguido muy pronto por el Organon del arte de curar (1810), que, según la opinión de uno de sus primeros comentaristas, no es «ni un tratado dogmático ni una obra didáctica»; se trata más bien de una «lógica médica». Este modo de considerar el Orga­nan nos ayuda a comprender su título: en efecto, en el pensamiento de Hahnemann su obra debía ser para la medicina lo que el Organon (v.) de Aristóteles y el Novum Organum (v.) de Francis Bacon eran para la filosofía: un instrumento, un método y un nuevo auxilio.

La individualización, ab­soluta de las enfermedades le hace consi­derar los síntomas tomados en su univer­salidad como medio de individualización; la certidumbre de que no es posible alcan­zar un conocimiento perfecto de la natu­raleza esencial de las enfermedades, tales son los principios lógicos y experimentales de la patología hahnemanniana, tal como ella resuelve las doscientas noventa y cua­tro proposiciones, a menudo muy breves, que constituyen el Organon.