Recopilación de máximas del jesuita español Baltasar Gracián y Morales (1601-1658), publicada en 1647. Las máximas, que alcanzan a trescientas, compendian el pensamiento moral con que Gracián había urdido aforísticamente sus obras anteriores, particularmente El Héroe (v.), El Discreto (v.) y El Criticón (v.). Aspiran a la formación del hombre avisado, de pronta inteligencia y de práctica actuación (de «genio» y de «ingenio»), el cual, dominándose en sus propias pasiones, se coloca frente a la realidad y, sin crearse fáciles ilusiones, se esfuerza por armonizarse con sus semejantes con el menor daño posible y con la mayor ventaja posible.
El libro tiene valor práctico de carácter siempre actual, porque las máximas de Gracián proceden de su viva experiencia del mundo y de una fundamental intuición del carácter de cada hombre, inclinado por naturaleza a amarse sobre todo a sí mismo, en la continua lucha con sus semejantes.
Considerada según el móvil pesimista que le sirve de fundamento, esta obra se empareja con los tratados políticos y las consideraciones morales de Maquiavelo y Guicciardini, pero Gracián distingue lo que es la naturaleza singular de cada individuo de lo que es la esencia universal de la especie humana.
Por encima de la naturaleza pone el arte; que es, como la cultura en general y el gobierno de nosotros mismos, la propia obra de la razón, reguladora de los actos y de la sensibilidad del hombre.
Llevándonos directamente al seno de la realidad efectiva de las cosas, las máximas de Gracián se resuelven en una constante aplicación de la inteligencia, que crea en nosotros un mundo delicado de cualidades propiamente humanas y racionales y que, ennobleciendo nuestra naturaleza, la prepara para todas las difíciles relaciones de la vida civil.
El Oráculo Manual, si es observado desde este punto de vista, distinguiendo netamente la naturaleza del individuo y la naturaleza o esencia universal, se presta a interpretaciones fragmentarias, que recortan su contenido para dar relieve al pesimismo o al egoísmo, al utilitarismo y hasta al maquiavelismo.
El éxito de esta obra, a pesar de su estilo muy a menudo conceptuoso y preciosista, fue inmediato y grande en su patria, y consiguió insertarse en el ritmo de la cultura europea mediante sus traducciones, directas o indirectas, que se hicieron en Italia (1670), en Francia (1684), en Inglaterra (1694) y en alemania (1729).
M. Casella

