Opúsculos de Física y Química, Torben Olaf Bergmann

[Opuscula physica et chemica]. Es la reco­pilación de las memorias científicas que el químico sueco Torben Olaf Bergmann (1735- 1784) iba publicando en las actas de la Aca­demia de Estocolmo y de Upsala.

Se publicaron en seis volúmenes, de los cuales el I fue publicado en Estocolmo en 1779; el II y el III en Upsala, en 1780 y 1783; los de­más en Leipzig en 1787-1790. Partidario de la teoría del «flogisto» (v: Física subterrá­nea) Bergmann se distingue por la novedad de métodos que instaura en el análisis quí­mico, y por los experimentos en que funda la determinación y clasificación de los mi­nerales, sentando las bases de la mineralo­gía química y de la química geológica.

En estas memorias suyas profundiza además el concepto de «afinidad» descubriendo tam­bién la «equivalencia» química de los meta­les, es decir, el hecho de la sustitución de un metal por otro en ciertas reacciones. Pero él dio de esto una explicación inade­cuada basada en una supuesta transmisión del flogisto, dejando a J. B. Richter (1762- 1807) y a G. E. Fischer el mérito de acla­rar este concepto de «equivalencia».

A Berg­mann se debe también un primer método eficaz para el «ensayo» de los minerales, y su tratamiento mediante los ácidos clorhí­drico y nítrico, como también su disgre­gación en carbonato potásico. Fue uno de los primeros en separar las sustancias orgá­nicas de las inorgánicas, y en prever la pre­sencia de metales, como el molibdeno y el wolframio, en sus compuestos oxigenados. En cuanto a esos metales, fueron después (1783) individuados respectivamente por obra de Hjelm y de Elhujar.

En lo refe­rente a la doctrina de la afinidad química, cuya historia va tan ligada con la obra que aquí estamos considerando, es justo recordar que de Boyle en adelante se pensó que de­pendía de una fuerza sustancialmente igual a la de la gravedad; pero que la afinidad debía de obrar exclusivamente a distancias cortísimas.

También Bergmann aceptó esta manera de ver, pero atribuyendo gran im­portancia a la «temperatura» de los cuerpos, y afirmando que la afinidad entre dos sus­tancias tiene una fuerza constante, indepen­diente de las cantidades de los cuerpos. Además, reconocida la imposibilidad de con­seguir determinaciones absolutas de la afi­nidad (v. Estática química), se esforzó por conseguir de ella medidas relativas, reco­giéndolas después en tablas de «afinidad» valiosas en ciertos aspectos, pero no caren­tes de errores, como las relativas a la afini­dad de los ácidos con respecto a las bases, y viceversa, a que fue conducido en parte por sus hipótesis teóricas y en parte por haber determinado mal la composición de las sales neutras.

Muchos de los errores de Bergmann fueron corregidos por Berthollet, a cuya obra (v. Estática química) se debe que toda la teoría en cuestión recibiese nuevo y decisivo impulso. Como físico, no sólo compuso Bergmann una obra de con­junto destinada a los estudiantes, sino que realizó originales experimentos de electri­cidad, especialmente sobre la turmalina.

Después de las clásicas investigaciones de Epino acerca de la electrización que pre­senta este minera] cuando se le calienta (piroelectricidad), Bergmann, en su ensayo De vi electrica turmalini, demostró que las cargas eléctricas suscitadas en la turmalina por calentamiento o enfriamiento son igua­les y de sentido contrario. Experimentos análogos fueron realizados por su contem­poráneo Cantón.

Bergmann se ocupó tam­bién con éxito de ciencias naturales, man­tuvo correspondencia con el gran Linneo, del cual había sido discípulo, y expuso un método para destruir las orugas devoradoras de las hojas de los árboles, método que fue premiado por la Academia de Esto­colmo.

U. Franceschini