Es un voluminoso conjunto de hojas manuscritas que Immanuel Kant (1724-1804) dejó al morir, en cierto número de carpetas, en estado de extrema confusión, después de haber trabajado en ellas, por lo que hoy se sabe, durante más de ocho años.
Este manuscrito tiene una larga historia referente además del punto de vista bibliográfico al filosófico. En 1936 se publicó su edición completa, por obra de la Academia Prusiana.
Concurre a dificultar la valoración del escrito, además del estado incompleto y desordenado en que se encuentra, algunas veces el cansancio de su autor. Esto fue causa entre otras cosas, de una famosa polémica entre K. Fischer, el cual negaba al escrito todo valor, y Krause, quien distinguía en él un importantísimo desarrollo del pensamiento kantiano.
Según la crítica más reciente, este manuscrito constituye el esbozo de una obra única (no dice de dos, como alguien supuso), cuyo tema estaba ya formado en la mente de Kant en 1798, cuando escribió acerca del asunto a sus amigos, diciendo que era para él un suplicio de Tántalo divisar al alcance de su mano la terminación definitiva de su sistema, sin haber conseguido alcanzarla aún.
Kánt, por lo tanto, había cambiado de opinión desde que, al despachar en 1790 su Crítica del Juicio (v.) escribía haber ya completado su empresa filosófica. El nuevo cometido que ahora veía en perspectiva consistía en hallar «el tránsito de los Principios metafísicos de la ciencia de la naturaleza a la Física.
Sin esto, quedaría una laguna en el Sistema Crítico». A la primera ojeada, se podría creer que aquel tránsito era tema para una obra limitada de carácter únicamente teorético-epistemológico. Kant, en cambio, parece que iba concibiéndola poco a poco como un vasto tratado metafísico que comprendía a Dios, al Mundo, y al Hombre como intermediario entre ambos.
La doble naturaleza (fenoménica y nouménica, cognoscitiva y moral) del hombre, sobre la cual había trabajado ya la tercera Critica, debía convertirse aquí en el eje de un sistema acabado en la realidad. Este sistema, sin embargo, había de estar siempre fundado sobre bases críticas, lo que hace arduo el problema de caracterizarlo.
Esto sin contar con que contribuyese a impulsar a Kant por ese camino el deseo de oponer a los sistemas metafísicos de Fichte y de Schelling algo más completo que la Crítica. Sin embargo aquella obra, partiendo de los Principios metafísicos de la ciencia de la Naturaleza, y prosiguiendo, desde ellos, a lo largo de una directriz metafísica, conserva los caracteres del pensamiento del siglo XVIII; en cuanto a las influencias que experimenta, si hubiéramos de pronunciar un nombre, sería lícito pensar sobre todo en Newton, aun como filósofo. «
El mundo, como un gran animal — dice un apunte — y Dios como su alma». Aun caracterizada por un creciente dogmatismo, de hecho, si no de principio, esta obra puede suscitar delicadas cuestiones relativas a la estructura de la filosofía crítica.
A. Galimberti

