[Opus tertium]. Tratado del filósofo inglés Roger Bacon (alrededor de 1214-1274?) enviado por el autor al papa Clemente V, en 1268, para completar lo que había escrito ya en la Obra Mayor (v.) y en la Obra menor (v.); y por esto es lamentable que se haya perdido una mitad.
Fue publicado por Brewer en Opera hactenus inedita e incluida en Rerum Britannicarum medii aevi Scriptores (Londres, 1859). Los fragmentos que nos han llegado son en parte biográficos, concernientes a las obras del escritor; en otros son abordadas las más arduas cuestiones metafísicas y temas de ciencias naturales y de filosofía moral.
Hallamos aquí motivos propios del pensamiento de Bacon: la insistencia en la necesidad de que la predicación tenga por base, no la elocuencia, sino una ciencia sólida, sin la cual será como «una espada aguda en manos de un loco»; que los teólogos aprendan las lenguas griega, hebrea, árabe «pero con método adecuado, por falta del cual se encuentran pocos teólogos que las posean»; la aplicación de los resultados de las ciencias experimentales a las Sagradas Escrituras; la independencia de juicio ante Aristóteles, cuya traducción latina censura en alto grado; la remisión al experimento paciente y reiterado, base para la formulación de principios y de medios de los que se origina la explicación racional de los hechos; la tentativa de reducir a principios matemáticos todas las acciones recíprocas de los cuerpos y de los agentes naturales; la apelación al Papa para que reforme el calendario «después de la corrupción de los textos sagrados, la cosa más intolerable que pueda existir»; la sugerencia de que, para eliminar las incertidumbres de la cronología bíblica, se recurra a la astronomía, que ofrece en la constancia de las revoluciones de los cuerpos celestes las más exactas medidas del tiempo; la súplica al Papa con objeto de que constituya una comisión de doctos para la revisión de la Biblia (v.) latina llamada «Vulgata», llena de errores agravados por las tentativas de los «correctores corruptores» del siglo XIII, privados de sentido crítico y no armados de la cultura necesaria, en especial lingüística e histórica, acompañada por numerosos ensayos de aquellas revisiones; la denuncia de los errores científicos de que están llenas las obras de Alejandro de Hales y de San Alberto Magno, a pesar de su fama inmensa, especialmente del segundo.
Lo que queda del Opus tertium es suficiente para justificar el juicio que de Roger Bacon dio Humboldt: «El mayor genio de la Edad Media». Además de las tres Obras, Bacon habla a menudo de un Escrito principal suyo, como de una obra de gran volumen, de la cual los tres escritos nombrados no eran más que «preámbulos» y preparación, y en la cual se proponía estudiar en tratados separados las ciencias particulares.
No se sabe que hubiera logrado realizar este vasto plan de una enciclopedia, cuya fisonomía general había de ser la de una obra en cuatro volúmenes: el primero, acerca de la gramática de las varias lenguas y la lógica; el segundo, acerca de la matemática, la geometría, la astronomía y la música; el tercero, acerca de las ciencias naturales, la perspectiva, la astrología, las leyes de la gravedad, la alquimia, la agricultura, la medicina y las ciencias experimentales; el cuarto, acerca de la metafísica y la moral. Tal vez algunos tratados, hoy insertos en los tres libros mencionados anteriormente, formaban parte de esta última obra.
G. Pioli

