Nuova Antologia, Francesco Protonotari

[Nueva Antología]. Revista de letras, ciencias y artes, fundada en Florencia en 1866 por Francesco Protonotari. Siguiendo el ejemplo de la Antolo­gía (v.) de Viesseux, en cuanto significaba literatura y vida nacional, y el de la con­temporánea Revue des deux mondes (v.), en lo referente a la divulgación de una revista informativa, apareció primero men­sualmente con numerosos artículos, estu­dios y reseñas.

La característica de cada número desde los primeros años fue pre­sentar armónicamente ensayos y escritos verdaderamente completos por sí solos, tan­to en lo referente a las letras como a las cuestiones políticas y sociales: los cola­boradores se escogieron, por lo general, entre los más conocidos hombres políticos, científicos y escritores.

El primer número, por ejemplo, contaba con las firmas de Domenico Comparetti, Tarenzio Mamiani, Cristina Belgioioso, Gino Capponi, Atto Vennucci: todos ellos personajes representativos y particularmente ligados al movi­miento espiritual del «Risorgimento». A continuación la revista, recogiendo lo me­jor de la producción literaria, pudo honrar­se con excelentes primicias: ensayos críticos de Francesco De Sanctis y versos de Giosue Carducci, y a su lado escritos de De Amicis, Barrili, Rovetta, Fogazzaro, Verga, D’Annunzio, Pascoli, Pirandello, Panzini, Serao, Deledda.

Junto a las reseñas mu­sicales, políticas y literarias, que exponían con viveza las cuestiones más importantes de la hora, aparecían novelas por entregas y escritos sobre arte o ciencia que se dirigían a un gran número de lectores. En 1878 la revista se hizo quincenal y el mis­mo año se trasladó a Roma, tomando nuevo impulso por el hecho de estar en la capi­tal y de poder no sólo divulgarse por más amplios sectores de la nación, sino de re­presentar, por decirlo así, en sus notas y discusiones, un tono oficioso y siempre li­gado a las clases dirigentes, fuera de todo extremismo.

Desde 1880, con la muerte de Protonotari, fue dirigida, hasta 1896, por su hermano Giuseppe. Pasó luego, con mu­chas innovaciones, a Maggiorino Ferraris, que le dio un soplo de vivo eclecticismo, pero también le quitó su carácter «cientificoliterario» para darle el de una información elegante, casi mundana. Verdade­ramente la revista parecía convertirse en el exponente más autorizado de los «hom­bres de orden».

Pero tampoco desde ese punto de vista fue inútil, pues contribuyó a divulgar obras y autores en un gran círculo de lectores y a acostumbrar a las discu­siones y a los problemas incluso bajo for­ma de información de lo cotidiano. Un desarrollo verdaderamente singular le im­primió Giovanni Cena, redactor jefe de 1904 a 1917. La revista conservó el decoro y emprendió nuevas actividades bajo la dirección de Tommaso Tittoni y luego de Luigi Federzoni; durante estos últimos años, con Antonio Baldini como redactor jefe, había mantenido con cierta amplitud de miras sus posiciones, acogiendo frecuente­mente a jóvenes literatos y aumentando sus servicios de información. En 1934, por obra de Lodovico Barbieri, fue recopilado un índice por autores y materias desde su origen hasta 1930.

C.Cordié