[Nouveaux essais sur l’entendement humain]. Obra del filósofo alemán Gottfried Wilhelm Leibniz (1646- 1716), escrita en francés en 1703-1704 y dedicada a la discusión de las ideas expuestas por Locke en su Ensayo sobre el entendimiento humano (v.); por sobrevenir la muerte de este último, la obra quedó inédita y fue publicada póstuma en 1765 por Raspe, entre las Obras filosóficas latinas y francesas de G. W. Leibniz.
Este libro tiene la forma de un diálogo entre dos personas, Filaletes, que expone el pensamiento de Locke, resumiéndolo párrafo por párrafo, y Teófilo, que explica las opiniones del autor. El prólogo es muy importante: en él Leibniz desarrolla, aunque de modo difuso, su interpretación psicológica de las ideas innatas y de la reminiscencia platónica; las ideas innatas son «pequeñas percepciones», esto es, percepciones dotadas de un grado infinitesimal de conciencia (hoy diríamos «subconscientes») que la atención agranda y eleva a conciencia clara y distinta.
El libro primero está dedicado a las Ideas; a la concepción psicogenética de Locke, Leibniz contrapone su apriorismo lógico: los conocimientos empíricos dan lugar todo lo más a «secuencias» (asociaciones de ideas), generalizaciones a las que falta la universalidad necesaria. Este carácter, que distingue los conocimientos racionales de la ciencia, no deriva más que del entendimiento, de su misma «forma», esto es] del modo con que él liga y unifica los datos del conocimiento sensible.
Por esto a la fórmula de los peripatéticos y de Locke «nihil est in intellectu quod prius non fuerit in sensu», Leibniz añade: «excipe nisi intellectus ipse». O, en otras palabras: el intelecto es innato en sí mismo, su forma lógica no deriva de la experiencia, antes bien es condición de la transformación del conocimiento empírico en verdad científica.
Todas las «verdades de razón» (por ejemplo, los teoremas matemáticos y lógicos) son verdades «a priori»; queda por explicar cómo pueden ser tan difícilmente conocidas y requerir un grado de desarrollo individual e histórico tan adelantado. Este problema psicológico lo resolvió ya con la teoría de las «pequeñas percepciones», que había sido largamente desarrollada en el prólogo. Así Leibniz, mientras desde el punto de vista psicológico supera y enlaza la antítesis empirismo-innatismo, por otro lado plantea aquel problema del «a priori» como función lógica, al que quedaría ligado el nombre de Kant.
Los libros II («El origen de las ideas»> y III («El lenguaje») remachan, sin novedades esenciales, los conceptos ya señalados. En cambio, es interesante el IV («El conocimiento»). Para Leibniz, todo el proceso de la vida espiritual se desarrolla en el seno del espíritu individual (v. Monadología); por esto no se puede esperar de él una verdadera y propia gnoseología, sino más bien una teoría de la verdad. «Conocimiento» es, en general, cualquier representación, sensible o intelectual (idea); pero, en sentido estricto, o sea, en el de «conocimiento verdadero», es la percepción, no siempre, por lo demás, clara y distinta, de la relación entre dos ideas o proposiciones.
Las verdades se dividen en «primitivas» o inmediatas (intuitivas) y «derivativas» (discursivas), que se deducen de las primitivas mediante pasajes intermedios también inmediatos. Tanto las unas como las otras pueden ser «de razón» o «de hecho». Las primeras son aquellas en que la noción del predicado está ya contenida en la del sujeto (por ejemplo, A es A), o sea, las verdades idénticas — ya primitivas, ya derivadas—, que se pueden convertir en otras semejantes reduciéndolas, como en las demostraciones matemáticas, a axiomas y definiciones.
Las otras son aquellas en las que no se percibe, por lo menos explícitamente, la conexión necesaria entre sujeto y predicado. Entre éstas está la intuición de la existencia individual. Junto a éstas, Leibniz, adelantándose a las investigaciones más vivas y actuales de la lógica contemporánea, pone las opiniones, esto es, las probabilidades, y lamenta, como grave defecto de la lógica tradicional,-la falta de un cálculo de probabilidades (del cual él, continuando las investigaciones de Pascal y de Fermat, fue uno de los fundadores).
Éstas son las ideas fundamentales de la obra, cuya exposición está continuamente interrumpida por observaciones y atisbos de teorías, y una riquísima colección de noticias y citas, que nos ofrecen un cuadro completo de la cultura de principios del siglo XVIII, y hacen que la obra sea, no sólo interesante por la originalidad y profundidad de sus tesis filosóficas, sino también preciosa desde el punto de vista de la historia de la cultura. [Trad. de Patricio de Azcárate en Obras, tomo III, bajo el título Nuevo ensayo sobre el entendimiento humano (Madrid, 1878)].
G. Preti

