[The World and the Individual]. Obra del filósofo norteamericano Josiah Royce (1855- 1916), publicada en Nueva York y en Londres en 1900-1901. Afirma Royce que tres diversas concepciones de la religión natural están representadas en la historia del pensamiento: la primera considera la religión como investigación del «camino que conduce a Dios mediante la naturaleza», la segunda como un estado de conciencia cuya justificación está en «el lugar que ocupa entre las manifestaciones interiores de la naturaleza humana», la tercera implica los problemas metafísicos fundamentales y se apoya en la definición de Dios, del mundo, del individuo finito y de las relaciones entre ellos.
La filosofía de la religión, según esta última concepción, es una teoría del Ser. Las doctrinas objetivistas, que consideran la realidad (mundo y Dios) como independiente del pensamiento, nos ofrecen una interpretación del mundo como pluralidad de seres existentes en sí (realismo), o una concepción de Dios como unidad del Ser, principio causal final de todas las existencias particulares (misticismo y panteísmo). Pero el racionalismo crítico ha demostrado la insostenibilidad de la metafísica ontológica: el objeto no es más que contenido de pensamiento, su ser e «idea». Por esto ha intentado sustituirlo por una teoría del valor, en virtud de la cual el ser es lo verdadero, lo que justifica las ideas y nos hace aptos para definir las experiencias determinadas, válidas o posibles.
Pero de este modo, poniendo en evidencia la universalidad del valor, ha descuidado el contenido más concreto, la forma definitivamente determinada de las ideas. Es menester llegar a una cuarta concepción del ser que implique la relación entre universalidad y determinación, entre subjetividad y objetividad, es decir, entre significado interior y exterior de las ideas. Puede ser definido de este modo: «Lo que existe y es real es, como tal, la completa incorporación, en forma individual y satisfactoriamente definitiva del significado interior de las ideas finitas». La idea, pues, no vive fuera de lo concreto, se incorpora en él, constituye su último significado, la tensión interior que conduce a lo concreto a realizar significados cada vez más ricos. El individuo es una conciencia finita, una voluntad parcial, en que el contenido ideal no se ha desarrollado del todo; lo absoluto es su meta ideal, la completa explicación del significado unitario y supremo .de la Idea absoluta que se halla incorporada en toda cosa y en todo individuo.
Pero, de este modo, todo individuo es expresión de la conciencia, de la voluntad, del ser de Dios, en cuya unidad participa. La unidad del mundo se actúa, por lo tanto, desde el punto de vista final, como acto divino y divino conocimiento. La conciencia individual halla frente a sí, como un dato, lo real exterior; pero ella, en el acto de conocimiento y de voluntad, realiza libremente su finalidad y la del mundo, y, por lo tanto, determina poco a poco la unidad de lo absoluto. El ser del individuo es cosa más profunda que su mero poder de agente físico: es una expresión del entendimiento divino. En este ser está la libertad, y precisamente por causa de la total vida divina, el individuo es voluntad libre, realidad consciente y única en su esencia.
La unidad de la vida divina implica en todo ser finito la originalidad esencial de la cual es consciente el individuo. El mundo de Dios es, pues, el mundo del hombre libre. En esta obra, Royce desarrolla la concepción del yo único, esencialmente suprapersonal, que integra las fragmentarias conciencias humanas, ya indicada en la Filosofía de la lealtad (v.): en esta concepción de Dios como espíritu del mundo, el autor percibe la organización de las conciencias finitas en la unidad absoluta, como los pensamientos en la unidad de la mente.
E. Codignola

