Memorias y Estudios, William James

[Memoirs and Studies]. Colección de ensayos, artículos y conferencias del filósofo norteamericano William James (1842-1910), publicada des­pués de su muerte, en 1911. De los quince capítulos que la componen, algunos, ya apa­recidos en periódicos y revistas, evocan a personajes notables o ilustres, contempo­ráneos de James, como el zoólogo Louis Agassiz, el filósofo y maestro suyo Thomas Davidson, el psicólogo Frederick Myers, un valiente soldado como Robert Gould Shaw, un poeta y filósofo de fama universal como Emerson.

James examina con agudeza de análisis y con cálida simpatía humana el significado espiritual de cada uno e in­dica la huella, menor o mayor, que han dejado sobre la tierra. La segunda parte del libro está formada por artículos y en­sayos en torno a los siguientes temas: «Al­gunos efectos mentales del terremoto», «Las energías del hombre», «El equivalente mo­ral de la guerra», «Observaciones en el banquete de la paz», «El valor social de la educación ofrecida por el ‘College’». Tanto estos escritos como los contenidos en los volúmenes más conocidos, de James, están basados en una confianza absoluta, aunque consciente y circunspecta, en la suerte de la Democracia, en el orgullo de pertenecer a una nación joven y grande cuyos deberes y peligros son, empero, proporcionales a los privilegios recibidos en suerte, y en un optimismo y aprecio por «la experiencia», el riesgo y la aventura, notas característi­cas americanas. En el ensayo «Las energías del hombre», James afirma que muy pocos hombres viven poniendo en acción su má­ximo de energías, lo cual, bien considerado, constituye un problema práctico de eco­nomía nacional. «¿Cómo pueden educarse los hombres hasta su grado máximo de energía? ¿Y cómo pueden las naciones ha­cer accesible esta educación a todos sus hijos e hijas? ¿Cómo mantener en un lau­dable grado máximo nuestra actividad? En comparación con la que debiéramos tener, sólo estamos despiertos a medias…

Un es­fuerzo singular de volición moral coronado por el éxito, coloca al hombre en un nivel más alto de energía». En el ensayo «El equivalente moral de la guerra» el autor quiere establecer la diferencia entre los tiempos en que los hombres recurrían a la guerra como al medio más excitante para vivir, y nuestros tiempos en los cuales — se­gún James — la guerra es considerada ad­misible sólo cuando nos es impuesta, cuan­do una injusticia del enemigo no nos deja otra alternativa. Aunque pacifista, recono­ce que la guerra es la novela de la historia, es decir, su parte más atractiva. La guerra es, en resumen, una obligación humana permanente. Cree con devoción en el reino de la paz y en la llegada gradual de una especie de equilibrio del mundo realizado por el socialismo. «Nuestro enemigo per­manente — declara en el discurso pronunciado en el Congreso Universal de la Paz de 1906 — es la belicosidad arraigada en la naturaleza humana. La cruda verdad es que los hombres quieren la guerra: es la rueda final de los fuegos artificiales de la vida. Pero — termina, en evidente contradicción con la realidad que más adelante había de actualizarse — un país tiene ya miedo (en el buen sentido de la palabra) de sumirse en delitos absolutos contra la civilización». Estos ensayos, lo mismo que los escritos más importantes de James, tienen el mé­rito de un estilo claro y fresco y de una exposición lúcida incluso de los temas más oscuros.

E. Detti