[Logistorici]. Marco Terencio Varrón (116-27 a. de C.) compuso este tratado, en 76 libros, de los que incluso el título remontaba a la tratadística tradicional academicoperipatética: Logistóricos, es decir, «diálogos históricos» como en realidad eran, proyectados en un ambiente histórico, los diálogos de Platón, en sentido más literario que filosófico, los diálogos esotéricos de Aristóteles y los Diálogos de Heráclides del Ponto.
De estos setenta y seis libros se conservan hoy un centenar de fragmentos en dieciocho títulos: Catón, o la educación de los hijos [Catus, de liberis educandis]; Curión, o el culto divino [Curio, de culto deorum]; Mario, o la fortuna [Marius, de fortuna]; Mesalla, o el conservase sano [Messalla, de valetudine tuenda]; Tuberón, u origen de los hombres [Tubero, de origine humana]; Attico, o la cronología [Atticus de numeris]; Galo Fondanio, o las maravillas [Gallus Fundanius, de admirandis]; Orestes, o la demencia [Orestes, de insania]; Pío, o la paz [Pius, de pace]; Sisena, o la historia [Sisenna, de historia]; Caleno [Calenus]; Laterense [Laterensis]; Nepote [Nepus]; Scévola [Scaevola]; Escauro [Scaurus]; Las costumbres [De moribus]; El pudor [De pudicitia] y Las generaciones [De saeculis]. El más importante por la abundancia de fragmentos es Catón, cuyo contenido era aproximadamente el siguiente: un padre, Quinto Elio Tuberón, había rogado a Varrón que tomase a su cargo la educación de su hijo Sexto nacido por entonces. Acepta Varrón y compone este tratado en forma dialogada, en el que se dan consejos acerca de la lactancia, la nutrición, sobre los estudios y los juegos de los niños. El movimiento dramático era mínimo en los Logistóricos y servía para pasar de un tema a otro. En general, el fin de estos tratados consistía en hacer aparecer en el diálogo un personaje histórico, especialmente versado en la disciplina que era Objeto de estudio.
F. Della Corte

