Libro del Gentil y de los Tres Sabios, Ramón Llull

Del genial escritor catalán Ramón Llull (1233-1315/1316). El título original, en su forma más corriente, es Libre del Gentil e deis tres savis; se le cita también con los títulos de Libre de raons en les tres ligs y Libre de demandes e de qüestions. Fue compuesto con toda probabilidad antes de 1275 y es mencionado en el Libre de Con­templado (v.). J. Rubio (Hist. Gen. Lit. Hisp., I, 693) no da mayores precisiones en cuanto a su fecha. S. Galmés (Ramón Llull. Obras Literarias, B. A. C., 1948, 9) opina que el Libre del Gentil fue escrito en árabe antes de 1270 y traducido al catalán hacia 1272. Se conservan de él una traduc­ción latina, otra francesa fragmentaria y otra castellana por Gonzalo Sánchez de Uceda.

El texto catalán fue publicado por Jerónimo Rosselló, en Obras de Ramón Llull, Palma, 1901. El Libre del Gentil es la primera obra apologética de carácter mi­sional compuesta por Llull. Como en tantas oirás obras suyas, la parte doctrinal, que es la que predomina, está encerrada en un breve relato novelesco, en el que Menéndez Pelayo ha señalado la influencia del Cuzarí de Yĕhudá ha-Leví. Para la exposición de la parte teológica y moral se recurre a la alegoría, lo que también es frecuente en la producción luliana. Imagina Llull en esta obra que un gentil — o uri pagano —, sabio en toda ciencia, pero ignorante de la exis­tencia de Dios y de la resurrección, co­menzó a pensar, en su vejez, en la muerte y en la inanidad de los bienes temporales. Esto le sumió en tanta tristeza que se deci­dió a viajar por tierras extrañas, para ver de encontrar a alguien que pudiera conso­larle. En estas andanzas llegó a un jardín; en él había cinco árboles simbólicos, rega­dos por la doncella Inteligencia. En el jardín encontró a tres sabios de distinta reli­gión— un judío, un cristiano y un musul­mán—, que habían acordado discutir bajo los cinco árboles, junto a una bella fuente. «Pensad señores — dijo uno de los sabios’— cuántos son los daños que se siguen porque los hombres no tienen una religión única, y cuántos bienes se seguirían si tuviesen una fe y una ley».

El gentil fue admitido a escuchar la discusión. Primero se trató de Dios y de la Resurrección, y en esto hubo acuerdo en las tres leyes. Después cada sa­bio expuso los artículos de su fe y explicó, según su creencia, las flores de los cinco árboles, cuyo simbolismo les había revelado la doncella Inteligencia. Habló en primer término el judío, después el cristiano y finalmente el mahometano. El gentil hacía preguntas a los sabios. Guiado simplemente por su claro entendimiento hace objeciones al judío, solicita mayores explicaciones del cristiano y refuta al mahometano con ra­zones del cristiano que él ha encontrado convincentes. Los tres sabios discurren a la manera luliana por analogías y diferencias de conceptos, que mutuamente se apoyan o se destruyen. Terminado el debate, los sabios renuncian a saber la religión que había escogido el gentil, para que esto no pudiera influirles en las discusiones que los tres habían de continuar teniendo hasta ponerse de acuerdo. Este detalle revela el alto sentido de comprensión y de toleran­cia que resplandece en esta obra de polé­mica. Cuando el gentil vuelve a encontrarse solo, los ojos se le inundan de lágrimas de gozo y dirige una impresionante oración a Dios, por haber recibido la luz de que care­cía y hallado solución a los problemas que le torturaban. Son las páginas más bellas, dignas del autor del Libro de contempla­ción en Dios (v.) y del Blanquerna (v.).

Al final los tres sabios se despiden, dándose muestras de amistad y de tolerancia, y acuerdan proseguir sus discusiones un rato todos los días hasta que los tres estén con­cordes en una misma fe. Condición previa de esta discusión era que los tres se hon­rasen y se sirviesen, «porque la guerra, el trabajo, la malquerencia y el hacerse daño y afrenta, impide a los hombres estar acor­des en una creencia».

P. Bohigas