Lecciones de Lógica y de Metafísica, Para Uso de la R. Universidad de Nápoles, Pasquale Galluppi

[Lezioni di Lógica e di Metafísica ad uso della R. Università di Napoli]. Con este título Pasquale Galluppi (1770-1846) publicó en 1832-34 una nueva exposición de las doctrinas filosóficas ya enunciadas en el Ensayo filosófico sobre la crítica del cono­cimiento [Saggio filosofico sulla critica della conoscenza, 1829-1832] y en los Elementos de Filosofía [Elementi di filosofia, 1820- 1827], destinada a los alumnos de la Uni­versidad.

La obra consta de tres partes: «Lógica», dividida en material y formal; «Psicología», que trata sucesivamente del alma humana en sí misma, en sus opera­ciones y en su perfeccionamiento; «Ideo­logía», dividida en Ideología de lo finito (en la que se realiza el análisis de las ideas, sustancia, causa, tiempo, espacio y de las relaciones lógicas de identidad y distinción) e Ideología de lo infinito, y Teología natural, que trata de Dios. También en esta obra, como en todas las de Galluppi, el plantea­miento de los problemas -es netamente his­tórico, demostrando en ello la amplitud de sus conocimientos, atestiguados, asimismo, no sólo por sus Cartas filosóficas (v.), sino también por el abundante material hallado entre sus papeles póstumos, que él había ido reuniendo para una historia de la filo­sofía, desde Tales de Mileto, que pensaba publicar. La problemática de Galluppi era la misma de Kant, y su solución quería ser una superación de la kantiana que, según su parecer, era la superación del sensismo de Condillac, aunque presentara el vicio contrario de un subjetivismo excesivo.

El conocimiento se funda en la experiencia inmediata, que es intuición del gozo (con­ciencia o sentido interno) y de sus modifi­caciones, o sea del «fuera de mí» (sensibi­lidad externa). Sobre esta experiencia in­mediata opera la inteligencia, la cual, me­diante el análisis (que es «atención» si tiende a distinguir los objetos separados en la naturaleza, pero unidos en la sensibilidad; y es «abstracción» si tiende a separar lo que físicamente es inseparable), pone en eviden­cia, ciertas percepciones, recoge otras ideas o términos; mediante la síntesis, establece relaciones inmediatas (juicio) o mediatas (raciocinio) entre estas ideas. La síntesis es real cuando el espíritu realiza entre dos* ideas (sujeto y predicado) una síntesis de relación real «copiando la naturaleza», ideal cuando la relación es puramente lógica; la síntesis ideal es además objetiva, si me da a conocer dos relaciones lógicas entre obje­tos reales; subjetiva si me da a conocer relaciones lógicas entre ideas. Resultado de este proceso es la naturaleza o, como Ga­lluppi dice, la experiencia comparada; a formar la cual concurren elementos obje­tivos (los términos ofrecidos al espíritu por medio de la primitiva experiencia) y ele­mentos subjetivos (las relaciones puestas por él).

De estos últimos los que constitu­yen la síntesis real (las relaciones de sus­tancia y de causa) son subjetivos de origen, ,en cuanto son puestos por el espíritu en el acto constitutivo de la experiencia compa­rada o naturaleza, pero objetivos de valor, en cuanto el espíritu los saca del análisis de la experiencia primitiva (en que el «yo» nos es dado como sustancia de sus cuali­dades o como causa de los juicios, de -los razonamientos, de las voliciones) por lo que las relaciones de causa y de sustancia son reales e independientes del pensamiento y son «puestas» en la experiencia derivada, pero «dadas» en la experiencia primitiva. La objetividad y la realidad del conocer son garantizadas por el hecho de que sus­tancia y causa no son formas transcenden­tales del yo, sino relaciones puestas por el mismo yo y que al mismo tiempo tienen un fundamento en la estructura de la realidad dada al yo en la experiencia primi­tiva. La debilidad del sistema de Galluppi consiste en poner como fundamento del proceso cognoscitivo una conciencia o expe­riencia primitiva que no se presenta como generadora del proceso, sino como función de él y no resuelve la relación cognoscitiva entre el sujeto y el objeto. Su princi­pal mérito, más que en la contribución aportada a la solución del problema plan­teado por Emmanuel Kant, consiste en haber despertado el interés especulativo de las escuelas filosóficas italianas por ese proble­ma tan importante.

G. Borsa