Obra póstuma del pensador catalán Francisco J. Llorens y Barba (1820-72), publicada, en ocasión del centenario del nacimiento de su autor, por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Barcelona, en la que profesó la cátedra de Filosofía bajo distintas denominaciones, en los últimos quince años como titular de Metafísica. El texto impreso recoge la enseñanza dada en los cursos 1864-65 y 1867-68 con arreglo a los apuntes taquigráficos del catedrático Dr. Balari, que adolecen de ligeros defectos; pero en él no se refleja la evolución ulterior del pensamiento de Llorens, atestiguada por otras fuentes. Los tres volúmenes de la obra contienen las lecciones sobre Psicología empírica, Lógica pura, Metafísica general, Cosmología, Psicología racional, Teodicea y Filosofía práctica; pero dejan fuera algunas materias explicadas en otros cursos, por ejemplo, la Historia de la Filosofía.
Llorens profesó la filosofía escocesa del common sense, importada de Francia en Cataluña por su maestro Martí de Eyxalá; pero supo remontarse a sus fuentes originales, en especial a Hamilton, sin cerrarse a otras influencias, tales como el aristotelismo y el eclecticismo. Cultivó de preferencia el método de la observación, sobre todo de la interior, según el modelo de Vives y de Bacon; como ellos, se opuso a todo dogmatismo y mostró una prudente reserva en la especulación metafísica. Socráticamente, señaló en la reflexión sobre sí mismo el comienzo de la sabiduría. Para Llorens, la llave de acceso a la filosofía es la psicología empírica, que describe los hechos de conciencia agrupados en las tres distintas clases de conocimiento, sentimiento y voluntad. Con el escocés Reid reivindica la objetividad, y defiende la inmediatez, de la percepción sensorial. En el entendimiento distingue la facultad noética o intuitiva y la dianoética o discursiva; y atribuye a la primera el hallazgo de los principios sin esfuerzo de reflexión. Según Llorens, la metafísica se ocupa del problema de las existencias; pero antes dilucida el valor de las ideas. Al revés de Balmes, inserta la epistemología en la metafísica.
En el problema de las ideas, se decide por una posición intermedia entre el empirismo y el racionalismo; el conocimiento proviene de la experiencia, pero es fecundado por la aplicación de los principios inmediatos cuya verdad la facultad noética descubre. En el problema de la existencia, Llorens apela a las soluciones del realismo natural. Desde luego, el análisis de la propia conciencia suministra datos suficientes para proclamar la realidad de materia y espíritu, que se contraponen como factores del conocimiento. La realidad de Dios es demostrable por el consentimiento del género humano y a posteriori por sus efectos. La metafísica culmina en el conocimiento de Dios, cuya realidad es la ley suprema de nuestro pensar y de nuestra vida entera. La filosofía de Llorens remata en un espiritualismo creyente. Fue Llorens el mejor filósofo catalán del siglo XIX, y uno de los más notables de España, a excepción de Balmes. Influyó mucho en el pensamiento de su época, sobre todo en Cataluña, a pesar de no haber publicado en vida más que su Oración inaugural del curso universitario 1854-55. Personalidades eminentes como Menéndez Pe- layo, el obispo Torras y Bages y don Francisco Giner de los Ríos le debieron su iniciación filosófica.
J. Carreras Artau

