[Le vite de’ pittori, scultori ed architetti moderni]. Obra del abate romano Giovan Pietro Bellori (1615-1696), editada en Roma en 1672 y que contiene las biografías de doce artistas: los pintores Annibale y Agostino Caracci, Federigo Barocci, Michelangelo da Caravaggio, P. P. Rubens, A. van Dyck, Domenichino, Giovanni Lanfranco, Nicolas Poussin, los escultores Alessandro Algardi y François Duquesnoy, el arquitecto Domenico Fontana (el autor había anunciado una segunda parte, con otras vidas, que nunca fue publicada).
La selección de los artistas refleja ya un criterio programático de valoración, puesto que Bellori se limita a las personalidades a su juicio más importantes para el arte de su tiempo. Es significativa la omisión de Bernini y la amplia parte concedida a los boloñeses, mientras que la inclusión de artistas extranjeros responde a la exigencia de universalidad propia de un gran centro de arte internacional como era la Roma del siglo XVII. Una justificación de la actitud crítica de Bellori está contenida en el discurso académico que sirve de proemio a las Vidas: «La idea del pintor, del escultor y del arquitecto». Esta idea, que «medida por el compás del intelecto se torna medida de la mano», es una «selección de las bellezas naturales superiores a la naturaleza» que el artista debe formar en espíritu para llegar a la perfección. Ésta fue alcanzada, según el escritor, por los griegos antiguos y, en los tiempos modernos, por Rafael, que de ellos sacó su gran estilo.
Consecuente con sus principios, Bellori rechaza en igual medida a los «manieristas» que se limitaban a copiar las obras de los maestros y a obrar por práctica sin mirar a la naturaleza, y a los «naturalistas», que la imitaban hasta en sus defectos. Esta antítesis, que refleja el contraste histórico entre ambas tendencias, capitaneadas respectivamente por el caballero D’Arpino y Caravaggio, es resuelta por Bellori y por la proclamada superioridad del eclecticismo de la escuela boloñesa, que supo mantener el justo término medio entre la idea y la naturaleza. De modo semejante es exaltado Poussin, «pintor filósofo», por haber poseído las dotes de invención, de dibujo, decoro y ciencia, esenciales según la teoría de Bellori. A pesar de estos elogios, el autor expresa por primera vez con claridad la opinión de que el arte moderno está en decadencia después del esplendor rafaelesco, abriendo así el camino a la denigración del barroco hecha por la crítica neoclásica.
A Bellori pertenece también la primera y franca formulación de las grandes escuelas regionales del arte italiano — la romana, la veneciana, la lombarda, la toscana y la boloñesa — después codificadas por Lanzi en su Historia pictórica (v.). Fuente histórica de primer orden por la exactitud de sus informaciones, las Vidas son el más significativo documento de la corriente clasicista en la historiografía artística del siglo XVII: es notabilísima su importancia para la génesis del neoclasicismo europeo, y las ideas expuestas por Winckelmann en su Historia del arte de la Antigüedad (v.).
G. A. Dell’Acqua

