Las Obras Literarias de Leonardo Da Vinci

[The literary Works of Leonardo da Vinci, compiled and edited from the original manuscripts]. Recopila­ción de escritos de Leonardo da Vinci (1452-1519), ordenados y publicados, como dice el título, según los manuscritos origi­nales, por Jean Paul Richter (1847-1937); 1.a edición: Londres, 1883; 2 volúmenes en 4.o de pp. XXIX-367 y XV-499, 122 plan­chas; 2.a edic., ampliada y revisada por Jean Paul Richter y por Irma A. Richter; Lon­dres-Nueva York-Toronto, 1939; 2 volúme­nes en 4.°, de pp. XXX-392, 64 planchas y XII-458, 58 planchas (de la 65 a la 122). Como en su primera edición, dedicada a Gisela M. A. Richter, tiene, además del prefacio, de Richter, fechado en Londres, abril de 1883, un nuevo prefacio de su hija Irma A. Richter.

El primer volumen con­tiene los escritos vincianos del 1 al 705 A; en el segundo, los que van del 706 al 1.506. El escrito final n.° 1.506, dada la existencia del n.° 705 A, es en realidad el n.° 1.507, el testamento de Leonardo. Los escritos del primer volumen siguen en este orden: la brevísima vida de Leonardo escrita por Paolo Giovio y publicado por G. Bossi (II Cenacolo, Milán, 1810, pp. 19-22); la his­toria del Tratado de la pintura (v.); un en­sayo sobre las relaciones entre la pintura y las demás actividades, intitulado El Pa­rangón, es decir, acerca de la primera parte del Tratado de la Pintura, según el cod. Va­ticano Urbinate 1270 (introducción, pintura y ciencia, pintura y poesía, pintura y mú­sica, pintura y escultura) y los primeros capítulos, o partes, de los manuscritos vin­cianos recopilados, los cuales están dedica­dos a una introducción general sobre el libro de la pintura; a la perspectiva lineal; a la luz y a la sombra; a la perspectiva de «perdimenti»; a la teoría de los colores; a la perspectiva de los colores y áreas; a las proporciones y movimientos del cuer­po humano; a la botánica para los pintores, y al paisaje; a la práctica de la pintura y, en fin, a estudios y esbozos de pintura y decoración.

El segundo volumen contiene los capítulos XI-XXII y tres apéndices. Los manuscritos aquí recogidos se refieren a notas sobre la escultura, con observacio­nes preliminares sobre los dibujos y los escritos de arquitectura; los dibujos arqui­tectónicos; a los escritos teóricos sobre la arquitectura, con notas sobre el estilo de Leonardo arquitecto; a la anatomía, zoo­logía y fisiología; a la astronomía; a la geografía; a notas topográficas; a la diná­mica; a la guerra naval; a las aplicaciones mecánicas y los instrumentos musicales; a máximas filosóficas y morales, polémicas y teóricas; a cartas, recuerdos personales, notas fechadas y finalmente a notas diver­sas. Los apéndices comprenden la historia de los manuscritos, con la correspondencia entre los números de los folios vincianos y los de la presente antología; bibliografía de las colecciones de manuscritos vincianos. Basta esta descripción para comprender la importancia de la obra.

Nuestro asombro crece si se piensa que la primera edición fue publicada, como se ha dicho, en 1883, pero había sido anunciada como inminente a fines de 1880 y había de contener escri­tos sacados de todos los manuscritos vin­cianos, como después sucedió. Es necesario añadir que la edición es muy hermosa en cuanto a la reproducción de los dibujos, que fueron escogidos con gran sentido del arte y contribuyeron al mejor conocimiento del Tratado de la Pintura y de los estudios que Leonardo hizo para el «Cenacolo», el monumento a Francesco Sforza, la Batalla de Anghiari, el cimborrio de la catedral de Milán. Entre otras cosas, Richter reveló a Leonardo como geógrafo y topógrafo. Antes de la antología de Richter no había de verdadera importancia en el campo de las ediciones vincianas más que el Ensayo de las obras de Leonardo da Vinci (v.), publicado en 1872, y el manuscrito A, pri­mer volumen de los manuscritos vincia­nos de Francia, publicado por Charles Raivaisson-Mollien en 1881.

Entre los que ma­nifestaron objetivamente su admiración por la obra de Richter están Antonio Favaro («Atti del instituto Veneto», 1885 y «Raecolta Vinciana», de Milán, mayo de 1919) y H. Geymüller (Gazzete des Beaux Arts, 1886). Nadie puede negar que haya come­tido muchos errores de transcripción y de interpretación, pero no se debe olvidar que Richter, extranjero, se aventuró solo y sin ayuda de ninguna clase, por un campo lleno de dificultades y de insidias. Graves erro­res cometieron, sin excepción, los demás editores de los manuscritos de Leonardo da Vinci. Más complicado es el problema de los criterios que Richter siguió en su edi­ción; acerca de este punto es menester reconocer que la última palabra no se ha dicho todavía.

Richter estaba convencido de que los manuscritos vincianos no po­drían ser publicados tal como han llegado hasta nosotros, entre otros motivos porque no conservan su disposición inicial y a menudo se hallan en un estado caótico. Publicándolos como están, según Richter, serían poco útiles, por su desorden y, lo que es más importante, no corresponderían a las intenciones de Leonardo, el cual que­ría hacer «obra ordenada». Verdad es, por otra parte, que el intento de ordenar los manuscritos vincianos según las intenciones de su autor es imposible, porque esas intenciones eran en gran parte una ilusión. Los escritos de Leonardo son esencialmente fragmentarios y por esto lo único que se puede hacer sin cometer arbitrariedad es publicarlos como están, procurando fe­charlos.

S. Timpanaro