La Filosofía de la Libertad, Rudolf Steiner

[Die Philosophie der Freiheit]. Obra fundamen­tal del filósofo alemán Rudolf Steiner (1816- 1925), publicada en 1894. El autor, que en su autobiografía dice haber querido «crear en esta obra una ciencia de la naturaleza conforme al Espíritu», establece una re­lación entre las doctrinas filosóficas de su tiempo y la ciencia del espíritu por él fun­dada. La obra consta de dos partes: «La Ciencia de la libertad» y la «Realidad de la libertad». En la primera parte, Steiner se enfrenta con el problema del conocimiento. Observa que mientras consideremos el mun­do tal como se manifiesta a los sentidos, como un todo completo en sí, nos veremos obligados a pensar que en el esfuerzo cog­noscitivo el alma busca en sí misma las imágenes de algo que está fuera de ella. Entonces queda sin colmar el abismo que separa el objeto del conocimiento de su su­jeto, y surge el mito de las insuperables barreras puestas al conocimiento humano.

Las cosas se presentan de otro modo a quien reconozca que el mundo percibido por los sentidos no es una realidad completa, sino una parte de ella, y que la razón de esta fragmentación, no reside en la constitución del mundo, sino en la organización espiri­tual humana, a la cual los elementos de la realidad unitaria afluyen constantemente de dos fuentes: la percepción y el pensa­miento. El pensar es órgano de percepción para aquella parte de la realidad que pasa inadvertida por los sentidos; y por lo tan­to el binomio de percepción e idea no tiene raíces en la realidad, sino que surge en la conciencia humana. Detrás del mundo sen­sible no hay, por lo tanto, «una cosa en sí», sino que en él existe el mundo espiritual, en que el hombre se sumerge al pensar. A través de la consonancia de percepción e idea en la observación pensante, el hombre recompone para su conciencia la integridad del mundo que en su conciencia él había fragmentado; y esto es conocimiento. En la segunda parte, Steiner afirma que cuando el pensamiento activo conquista la idea, no la contempla como desde fuera, sino que se funde con ella, y la idea, realidad espi­ritual objetiva, se hace suya. Lo que actúa en el mundo penetra así en el espíritu humano, de manera que, al conocer el hom­bre, se halla dentro de la esencia de las cosas; pero en esta realidad espiritual el hombre puede igualmente experimentar las ideas germinativas, no concretadas todavía en hechos y acciones exteriores.

Resulta evi­dente que, mientras actúa bajo el impulso de sus propios instintos o de sus propias simpatías, o bien de motivos procedentes del mundo de las percepciones, el hombre no explica su verdadero ser, sino que está determinado por factores extraños a éste. Explica su verdadero ser cuando recibe los impulsos a la acción de la esfera espiritual del pensamiento, porque éste no viene nun­ca de fuera y no actúa nunca sobre el alma como necesidad, sino que es el hombre mis­mo quien debe desarrollar la actividad que le lleva a acogerla. El hombre que en su acción concreta la idea, es, por lo tanto, libre, porque determina su obra únicamente por sí mismo. Trad. italiana de V. Tommasini (Bari).

M. Venturini