Examen de la Filosofía de Sir William Hamilton, John Stuart Mili

[An Examination of Sir William Hamilton’s Philosophy], Es la obra filosófica más importante de John Stuart Mili (1806-1873), publicada en Lon­dres en 1865. Es notable que Stuart Mili eligiera la forma de crítica de la obra de otro filósofo, para exponer sus ideas fun­damentales.

El pensamiento de Hamilton era un interesante resultado de la apertura del pensamiento inglés a la filosofía alemana. Partiendo de la tesis fundamental antiempírica de la escuela escocesa, según la cual los objetos se nos dan directamente (y no sólo por las impresiones o ideas que pro­vocan en nosotros, según sostenía el em­pirismo clásico), Hamilton había tratado de justificarla, no ateniéndose como los esco­ceses al sentido común, a la convicción común de toda la humanidad, sino con un análisis del proceso del conocer, con lo cual fijaba en la conciencia la base de la misma existencia del mundo exterior. Procediendo así, se acercaba a Kant, sin darse cuenta de que la llamada a la actividad de la conciencia como base de la realidad del mundo exterior, destruía la propia tesis es­cocesa, llevando al subjetivismo. Precisa­mente contra esto se dirige la crítica de Stuart Mili, intentando restablecer, en for­ma al menos verbalmente nueva, la posición empírica de Locke-Hume, que, a través de esta interpretación, viene a ser la base gnoseológica del positivismo.

Stuart Mili, permaneciendo fiel a la tesis empírica de que no existe percepción o conocimiento di­recto de la substancia, debería, en rigor, vol­ver a la posición escéptica de Hume, según la cual el mundo exterior se resuelve en un conjunto de sensaciones. Pero a esto, añade él la teoría de la posibilidad permanente de sensaciones; las sensaciones nos llegan con un orden y una- necesidad que no depende de nosotros; y, sin embargo, Stuart Mili admite implícitamente que este orden y esta necesidad constituyen un esquema inde­pendiente de nuestras sensaciones, exis­tente por sí, es decir, algo real más allá de nuestras sensaciones. Pero los capítulos más interesantes del libro son aquellos en que Stuart Mili discute la teoría hamiltoniana de la conciencia. Negando a ésta fun­ción constitutiva en la formación del co­nocer, Stuart Mili debería volver, una vez más, a la tesis de Hume, que reducía el alma a un conjunto, a un haz de sensacio­nes internas. Pero, también aquí, interviene la idea de un orden fijo, de leyes estables que regulan el presentarse de estos estados de ánimo sucesivos; de ahí la idea de una unidad existente bajo las sensaciones internas, que las ordena y las dirige.

Tampoco esta unidad depende de nuestro cono­cer; es un orden que trasciende de él, que le es independiente. Se comprende fácil­mente que este empirismo, templado por el dogmatismo de las leyes trascendentes del orden de las sensaciones, pudiera ser aco­gido por el positivismo que, siendo empirista, estaba ligado a un realismo programá­tico. Ciertamente, la filosofía de Stuart Mili tal como está expuesta en el Examen, no tiene la importancia ni la originalidad de su Lógica.

M.M. Rossi