Erixias o de la riqueza, Platón

Diálogo atribuido, en la anti­güedad, a Platón (427-347/48 a. de C.). Si la riqueza es o no un bien es el problema que se plantean los personajes de este diálogo que son: Sócrates, Erixias de Es- tiria, Critias y Erasístrato. Este último, apenas vuelto de Sicilia, está dando a los otros noticias de su viaje, cuando pasa un hombre a quien él señala como el más rico y más malvado de Sicilia.

De esta observación toma pie Sócrates para hacer la siguiente pregunta: ¿es más rico quien tiene dinero o quien posee su equivalencia en «cosas»? La respuesta que obtiene es que indudablemente es más rico el se­gundo, y Sócrates concluye que quien posee las cosas más preciosas es el más rico; por esto, dado que la felicidad es el mayor bien, por lo que dice Erasístrator y dado que sólo el sabio, por conocer el bien y el mal, posee de veras la posibilidad de ser feliz, resulta que la sabiduría es la cosa más preciosa de todas. Erixias no es de esta opinión; pero a su objeción super­ficial Sócrates opone un discurso tan com­plicado que él no lo comprende, y prefiere volver a presentar el problema en esta fórmula: ¿es un bien o un mal para el hombre el ser rico? Erixias considera que es un bien.

Pero Critias le hace notar que en ciertos casos la riqueza es un mal, pues fomenta la injusticia y la intemperancia, porque sirve para satisfacerlas; por lo tanto no puede ser un verdadero bien. Ahora, admitiendo que la riqueza es un bien para unos y un mal para otros, queda por exami­nar qué es la riqueza. Erixias la define como la «posesión de bienes»; pero ¿qué es lo que debe entenderse por «bien»,, dado que el valor de las cosas varía de país a país, y que cuanto constituye riqueza en un lugar no lo es en otro? Afirmando que «bien» en todo caso es una cosa útil, Eri­xias propone indagar qué cosas útiles son bienes. La utilidad, hace notar Sócrates, es proporcional a las necesidades; por tan­to, entre las cosas útiles deben llamarse bienes aquellas que sirven para satisfacer las exigencias del cuerpo. Pero si se pu­diera lograr satisfacer estas exigencias sin el dinero, éste, dejando de ser útil, dejaría también de ser un bien.

Ahora bien, si la ciencia puede servir para procurarnos aquellas cosas que de otro modo se ad­quieren con dinero, es en sí misma un bien, y quien la posee es rico; en realidad, todas las cosas son útiles sólo en cuanto uno «sabe» servirse de ellas. Pero Critias no se rinde; para él, la riqueza sigue sien­do aquello que tiene mayor valor; además, Sócrates no ha acabado de demostrar que la riqueza, pareciendo un bien, no lo es. Sócrates termina entonces su explicación: el concepto de que todo cuanto sirve al logro de un objeto es útil a este objeto, se puede fácilmente desarticular demos­trando que, en tal caso, cosas malas se­rían útiles a cosas buenas (sin ignorancia, no se logra la ciencia; pero no por ello la ignorancia es útil a la ciencia).

Final­mente, Sócrates toca otro punto: Critias debe por lo menos reconocer que el hom­bre que tiene menos necesidades es el más feliz; pero la utilidad de la riqueza está fundada sobre el hecho de que sirve para satisfacer necesidades; quien es rico tie­ne, por lo tanto, el mayor número de ne­cesidades y por consiguiente es más dig­no de compasión que nadie. En los tiem­pos modernos, el diálogo ha ofrecido cierto interés por la teoría económica de la ne­cesidad expuesta por Sócrates, y por algu­nas noticias relativas a monedas conven­cionales de la antigüedad. [Trad. de Pa­tricio de Azcárate en Obras completas, tomo XI (Madrid, 1872) y en la nueva edición de Obras completas (Buenos Aires, 1946), tomo IV.]

G. Alliney