Elementos de la Primera Lógica, Christoph Gottlieb Bardili

[Grundriss der ersten Logik, gereinigt von der Irrtümem der bisherigen Logik, besonders der kantischen]. Obra del filósofo alemán publicada en Stuttgart el 1800, que si, por su forma abstrusa y difícil, ha ejercido escasa influencia, representa un interesante documento histórico sobre la tendencia a superar el elemento fenomenista del pen­samiento kantiano. Así, mientras hace re­ferencia a la tradición racionalista, preludia ideas y motivos que habían de lograr un mayor y más genial desenvolvimiento en Schelling y Hegel. El trascendentalismo kantiano es el análisis del proceso de la conciencia, que de la mera aprehensión sen­sible, a través de la organización del dato o elemento en la forma pura de la intuición (espacio y tiempo), en la categoría del intelecto y en la idea de la razón, se ele­va hasta una visión racional del todo.

Pero este mismo proceso no se justifica, según Bardili, más que admitiendo que la razón, tal como se desarrolla en la conciencia humana, tiene su fundamento en una razón universal que penetra y determina lo real y llega a hacerse consciente y segura de sí. En tal razón universal, lo objetivo y lo subjetivo, cuya polaridad determina la par­cialidad y problematicidad del conocer, al­canzan el plano de su unidad indistinta y el conocimiento encuentra en ella el plano de su verdad. La Lógica, como teoría de la razón pura, en cuanto ésta constituye el principio constructivo de lo real es, al mis­mo tiempo, ontología, teoría del ser como vida universal, en la que todos sus aspec­tos y las formas existentes tienen su fun­damento en la ley de su desenvolvimiento y de sus relaciones.

El hombre que penetra en tal orden cósmico, es como el fuego central, ya que en él la vida universal y el sentimiento vital que invade a todos los seres se elevan a personalidad individual; las leyes naturales que gobiernan aquéllas se definen como leyes de coordinación de su pensamiento, y la razón cósmica se apli­ca en su libertad como autoconciencia in­finita. El ser humano tiene su destino y su significado en este plano — que caracteriza su vida espiritual — entre la determina­ción personal y la autoconciencia racional. En él, la individualidad que es principio de limitación, de oscuridad y error, se con­vierte en principio de libertad, de espi­ritualidad y de verdad.

A. Brambilla