El Principio Elemental de una Lógica de la Vida Moral, Maurice Blondel

[Le principe élémentaire d’une logique de la vie morale]. Ensayo del francés Maurice Blondel (1861-1949), publicado en 1903.

Una lógica de la vida moral, en el reconocimiento prác­tico del ser humano y de su compleja estructura, debe superar los estrechos lími­tes de una dialéctica puramente racional y considerar también el «pathos» de la per­sona moral. Aclarando el orden del pen­samiento y de la acción y su recíproca rela­ción, ella debe extenderse a todo lo dado y lo pensado, y abrazar y justificar el mis­mo ilogicismo. Para Blondel es ilegítima y artificiosa la separación de «un aspecto ló­gico y moral de la persona» de la insepa­rable unidad que la constituye. Tal absurdo dualismo lleva a la fundación de una lógica abstracta y silogista de tipo aristotélico; ésta, si tiene la ventaja de ser una técnica del pensamiento que permite la ampliación de las concatenaciones conceptuales’, desde el punto de vista psicológico, aplicada a la práctica parece absolutamente pobre y esté­ril.

La causalidad recíproca del pensamiento lógico y de la vida , moral es la base de la naturaleza humana: si la lógica da valor absoluto y universal a las reglas empírico- prácticas, la moral a su vez da a la misma lógica, luz y calor de experiencia humana. Ya Leibniz había previsto la necesidad de sustituir los cánones aristotélicos tradicio­nales por un nuevo tipo de lógica en la que la abstracción de la razón y el determinismo del mundo concreto se sintieran en función de su interferencia: la introducción de la Idea en los Hechos y de los Hechos en la Idea. Desde el punto de vista de tal interferencia — ya que vivir es realizar pre­cisamente la unidad del pensamiento y de la acción — Blondel trata de remontarse a la génesis de aquellas nociones lógicas (de contradictorio, contrario, relativo, distinto) que determinándose dentro de la heteroge­neidad cualitativa de los datos de la vida, se constituyeron como condiciones primeras del conocimiento. La dificultad de aclarar la naturaleza inteligible, la dialéctica de nues­tras acciones, según el autor brota esencial­mente de que la acción de la voluntad tiene un doble carácter: una naturaleza extraterrenal y meramente racional, mientras siga siendo intención formal, mientras que en cuanto se encarna en la naturaleza entra de nuevo en el mecanismo de las fuerzas naturales.

Dicho conflicto entre formalismo y naturalismo moral lleva a la aparente antinomia entre una lógica que excluye el principio de contradicción y una moral que se basa únicamente sobre este principio. En realidad no puede existir una verdadera moral sino con la condición de que nada se le escape, al igual que. no puede haber una verdadera lógica sino con la condición de tener valor universal. Este análisis lleva a Blondel a dos afirmaciones: el principio de contradicción no está ni en las cosas ni en la conciencia especulativa, sino en la subjetiva determinación de nuestra activi­dad; la noción de contradictorio, de la que se derivan las nociones de alteridad y oposi­ción, es «el sentimiento de irreparabilidad del pasado», y no se aplica al futuro: la mis­ma opción a actuar de un modo determi­nado, entre las infinitas directivas posibles, engendra por su cuenta la idea absolutamen­te subjetiva de contradicción. Alternativa autoontológica, pero no «in re», puesto que «incluso lo que hace el hombre contribuye a constituirlo».

En fin, se pueden deducir de la dialéctica fenoménica, que ofrece aparentes oposiciones, las siguientes leyes de lógica general: la del alogismo inicial y del polilogismo espontáneo que explica nuestras contradicciones y el orden a que mediante la reflexión se llega desde el caos inicial; la de la solidaridad de las fuerzas discordantes; la de las compensaciones que nos llevan al bien precisamente gracias al mal que hay dentro de nosotros; la de la determinación de un criterio logicoético al que se llega .por medio del acuerdo de la teo­ría con la práctica, del pensamiento con la misma vida; la de la reintegración final o de la pérdida total en que la eticidad de nues­tras acciones está determinada solamente por el orden divino que las inspira, mien­tras que el dejarse llevar por las tenden­cias naturales inferiores conduce a la debi­litación de la persona.

La mortificación de dichas tendencias, y el contradecirlas en nombre de una metafísica suprarracional y suprasensible, nos lleva a la experiencia metafísica del verdadero Ser. El actualismo de Blondel, en que las «notiones» del pen­samiento discursivo se moderan con la ac­ción, no poniendo ninguna alternativa en­tre la razón y el sentimiento, quiere reali­zar la Inteligencia en toda su plenitud, ex­tendiéndola a todo el Ser; su pragmatismo moral, iluminado por la fuerza de la razón, tiende a resolver la propia dialéctica en el cumplimiento cristiano de la «Charitas».

O. Abate