[De Sculptura]. A pesar del origen meridional del autor (de Gauro junto a Salerno, 1482- 1530), esta obra impresa en Florencia en 1504 es un fruto del cultísimo ambiente paduano, al que toda la obra está íntimamente ligada, hasta por su latín arcaico salpicado de helenismos.
No es ésta la única producción de Gaurico, que se ocupó especialmente de literatura griega y latina; pero esta obra de juventud es lo único que nos ha quedado, aunque su éxito fue mucho mayor en alemania y en los Países Bajos que en Italia. Gaurico aspiraba a la universalidad de cultura, como Alberti, y tal vez pensando emularle escribió esta obrita —la primera que trataba exclusivamente de escultura — donde, cosa extraña, Alberti no es nombrado ni una sola vez. Las fuentes principales son Filóstrato, Pausanias, Plinio, Vitrubio, Quintiliano; son muy frecuentes las citas, especialmente de Homero y Virgilio. Gaurico dedica su obra al duque Hércules de Ferrara; la desarrolla en forma de diálogo ciceroniano, y se sitúa en Padua, entre el filólogo Regio, comentarista de Quintiliano, Leonico Torneo, el primero que en Padua comentó los textos de Aristóteles, y el autor. La disquisición se desarrolla alrededor de la escultura, y avanza de una manera pedante por divisiones y subdivisiones, según la manera acostumbrada de los retóricos romanos.
Después de hecho el elogio de la escultura, se habla de las cualidades que debe reunir el escultor, el cual debe ser liberal, ponderado, «anticuario», lleno de fantasía, etc. Se distinguen cinco especies diferentes de escultura, pero el tratado se limita a la escultura en bronce, y en esto también se refleja el gusto de Padua donde residía la célebre escuela fundada por Donatello. Y de hecho Donatello aparece muy a menudo en el diálogo, como constante punto de referencia ideal. La escultura en bronce se subdivide en diferentes fases: en «ductoria», es decir, preparación del modelo en cera o en barro cocido, y en química, la fusión. A su vez, la «ductoria», se divide en «gráfica», «psíquica» y «óptica», o sea la perspectiva. La «psíquica» se refiere especialmente a la «mimesis», es decir, a la representación del cuerpo humano en sus actitudes y sentimientos. Esto en cuanto a la primera parte, o sea, la «ductoria», que constituye la verdadera invención artística, el «dibujo», la que «maximam putavit Donatellus». La otra parte, la «química», da las normas para las distintas fusiones; una de ellas es la de los campaneros, la otra es la de los escultores.
Es interesante la noticia de que Donatello no conocía este arte; cada vez que tenía que fundir llamaba a fundidores de campanas. Completa la obra una lista de los escultores en bronce más ilustres, antiguos y modernos. Algunos de los temas tratados son dignos de especial mención. La «simetría» se ocupa de las relaciones del cuerpo humano, el cual está compuesto de partes tan exactamente proporcionadas que parece un instrumento armónico y perfectísimo, fundamentado sobre números, construido por un geómetra o un músico: rasgo típicamente humanístico. Puesto que el hombre consta de materia y de forma, tendremos «simetría de cuerpos» (o sea, de los miembros y de sus partes) y «simetría de rasgos», que regula las líneas con miras a la belleza. La «fisionómica» permite conocer por los signos del cuerpo las cualidades del alma; un extenso pasaje contiene interesantes observaciones de las distintas partes del cuerpo, con la tentativa naturalista de deducir por los rasgos físicos los caracteres morales y psíquicos.
El capítulo de la «perspectiva» es uno de los más importantes. Distingue la perspectiva en sus aspectos de «fisiológica» (visión «directa», «refleja» y «refractada») y «gráfica»; Gaurico se extiende sobre esta última, la cual a su vez puede referirse a la obra entera o a sus partes componentes. A fin de enseñar a colocar exactamente las figuras en el plano, según la distancia, Gaurico da un esquema de plano en perspectiva que, sin seguir el procedimiento de Alberti o de Piero della Francesa (v. Prospectiva) se basa en el mismo principio. Brockhaus lo ve aplicado en los frescos de Mantegna, en los Eremitani. Distingue luego la perspectiva «óptica», «anóptica» y «catóptica», según una escena sea vista normalmente, desde abajo o desde arriba. Siguen reglas para los escorzos y los distintos puntos de vista de cuerpos simples y de la cabeza humana. De sculptura fue reeditado varias veces, en Europa septentrional, hasta la edición crítica de H. Brockhaus (Leipzig, 1886) con traducción alemana y extensa introducción.
G. N. Fasola

