[De concordantia catholica]. Obra del filósofo alemán Nicolás de Cusa (Nicolás Chrypffs de Cues, 1401-1464), en la que está contenido un proyecto de reforma de la Iglesia, presentado al Concilio de Basilea (1431-. 1449). La idea inspiradora de toda la obra, es la unión de lo corporal y lo espiritual que, en la sociedad humana, deben formar una concordante armonía inspirada y mantenida por el Espíritu Santo. La idea de la armonía Cusa la tomó de los escritos neo- platónicos del pseudo Dionisio que sostenía el íntimo paralelismo de las jerarquías celestes y de las eclesiásticas. La Iglesia es la unión de las almas con Cristo en la «dulce concordia» que debe unir a la Iglesia militante con la Iglesia triunfante. Esto es, la íntima relación entre la Trinidad, los ángeles, los bienaventurados, todos ellos habitantes del cielo, y los Sacramentos, los sacerdotes y los fieles, que viven en la tierra. De un modo semejante se funde la diócesis con el obispo y la Iglesia con el Papa. Se fundamenta así el problema del valor jurídico del Concilio y de su posible superioridad sobre el Pontífice. La superioridad absoluta, dice Cusa, corresponde al Papa, pero tal superioridad deriva también de los hombres.
El Pontífice es figura de la Iglesia, como la Iglesia es figura de Cristo; y así como Cristo es superior a la Iglesia, la Iglesia es superior al Pontífice; de tal modo se llega a admitir la superioridad del Concilio, que parece a veces estar inspirado directamente por Dios, concepción ésta que se remonta a las ideas de Enrique de Langenstein y de Marsilio de Padua. Los demás problemas fundamentales tratados por Cusa en este escrito son: la decadencia de la Iglesia, para contener la cual se proponen varios remedios, unos de naturaleza jurídica y otros, de naturaleza religiosa; las relaciones entre Iglesia e Imperio, concebidas en armónico paralelismo, pues así como la jerarquía eclesiástica es espejo de la celestial, la jerarquía temporal es espejo de la eclesiástica (correspondencia del emperador con el Papa, del rey con los patriarcas, de los duques con los arzobispos). Es notable que para Cusa el emperador no recibe su autoridad del Papa, como aseguraba la teoría teocrática medieval, sino directamente de Dios. Sobre el fondo de la concordia del Cristianismo se nota en toda la obra un espíritu de abierta tolerancia religiosa, un espíritu que hará más tarde afirmar a Cusa, en De pace fidei, que aun con la variedad de ritos, la religión es una sola.
E. Pací

