Critica de la Modernidad, Hermann Bahr

[Zur Kritik der Moderne]. Colección de artículos de Hermann Bahr, crítico, novelista y comediógrafo austríaco (1863-1934). Es la primera de una serie (Crítica de la moder­nidad del naturalismo, 1891; Estudios de crítica, 1894; Renacimiento, nuevos estudios de crítica, 1897; Formación, 1900; Diálogo acerca de la tragedia, 1904), en las cuales observó durante más de un decenio las nuevas corrientes espirituales en alemania.

En realidad presintió, anunció o «vivió por anticipado» todos los movimientos espiri­tuales y literarios que se fueron sucedien­do hacia fines del siglo y durante los pri­meros veinte años del nuevo siglo. Fue la suya una actividad incesante, infatigable, en continua renovación, que invadió todos los campos de la vida del espíritu: la lite­ratura, el teatro, las artes figurativas. Él, que desde muy joven había tenido siempre la capacidad de «demostrarlo todo, sin creer en nada», se convirtió en el «espíritu que siempre desconcierta», el «hombre de pasa­do mañana». Fue él, en estos ensayos, quien reveló a los alemanes a D’Annunzio y la Duse; fue de los primeros en luchar por Maeterlinck, Klint y Moissi, fue el primero en descubrir al joven Hoffmansthal y H. Wolf. Este «espíritu moderno» anunciado y predicado con tanto calor por Bahr, adquie­re ya forma desde la primera de sus colec­ciones de artículos. Por un residuo de mar­xismo — que después desapareció del todo — Bahr se sitúa en este volumen en un plano de realismo crítico, deduciendo la conse­cuencia de que sólo hay una ley para el hombre moderno: desarrollar en su máximo grado la sensibilidad para las impresiones exteriores «ser nerviosos hasta las puntas de los dedos». Asimismo concibe el desarro­llo de la pintura moderna, como consecuen­cia de las transformaciones de las condicio­nes de creación.

Como superación de la época histórica individualista su entusias­mo juvenil le había inducido en realidad a participar en el movimiento naturalista de importación francesa, que se afirmó por aquellos años en alemania. Pero poco des­pués de su llegada a París se sintió extraño a la interpretación de la poesía que el na­turalismo alemán había producido. El na­turalismo en Francia, surgido por reacción contra el ya superado espíritu romántico, se había acogido ya de diversas maneras a la gran tradición clásica francesa; y Bahr ad­virtió que también en el movimiento fran­cés fermentaban nuevos gérmenes que con­ducían a una concepción muy diversa de vida y de arte, mucho más afín a su espí­ritu: el impresionismo, del cual se hizo en alemania heraldo y apóstol. La realidad, en efecto, no era para él otra cosa que apa­riencia, la cual ocultaba y, sin embargo, sugería el sentido eterno de las cosas y de la vida: infatigablemente, Bahr se entregó a difundir la nueva concepción con artícu­los en revistas y periódicos, recogidos des­pués en los volúmenes citados más arriba.

E. Beck