Códice Trivulziano, Leonardo da Vinci

Es uno de los pequeños códices de apuntes de Leonardo da Vinci (1452-1519) en formato menor; en efecto, mide 145 X 207 mm. Estuvo com­prendido en la donación Arconati, como el quinto libro, y después sustituido por el mismo Arconati con el manuscrito D. Ha­biendo sido propiedad de Gaetano Caccia, de Novara, en torno a 1750 entró a formar parte de la biblioteca Trivulzio, junto con la cual, en 1935, pasó a las colecciones del Ayuntamiento de Milán. Se supone que fue redactado durante el primer período milanés, entre 1487 y 1490. Como los demás codicilos semejantes al Códice Trivulziano, trata temas de mecánica, de cinemática, de tecnología, de metalurgia, de acústica, de óptica y de perspectiva, de medidas hidráu­licas y de filosofía, diversamente enlazados. Pero es notable sobre todo por los aforismos y dichos filosóficos, por las anotaciones gra­maticales, y los proyectos arquitectónicos relativos a los estudios para la cúpula de la catedral de Milán. Son particularmente in­teresantes las anotaciones gramaticales, to­das en lengua vulgar, a diferencia de los otros códices con estudios lingüísticos lati­nos, cuya fuente principal es Donato.

Su valor no pasó inadvertido á los diversos in­vestigadores de los manuscritos vincianos, mientras que la aparente ausencia de un orden lógico o sistemático prohibía una in­terpretación concorde de los fines de aque­llos ejercicios filosóficos. Después se ha ha­blado de una gramática de la lengua ita­liana, para ponerla junto a aquella de la que había sido promotor Lorenzo el Magní­fico: una nueva dirección lingüística apli­cada a recoger las leyes de la lengua vul­gar, no ya al modo entorpecedor y presun­tuoso de los humanistas, sino en la fuente viva del uso popular. Por otra parte, en cambio, aquellas listas de voces se podrían relacionar más que con la formación de un vocabulario, con el propósito de escrutar la propia filosofía del lenguaje, sus relaciones con los sonidos, las sensaciones, las formas exteriores, del mismo modo que en el De vocie Leonardo había establecido la base de un tratadito de fonética fisiológica. In­vestigar las razones de las cosas era para Vinci una constante máxima de vida, y por esto era natural que, desease apoderarse de la técnica filológica con la intención de forjarse en la lengua un medio expresivo, espontáneo y natural, Leonardo se encon­trará en la necesidad de remontarse a los orígenes de esa lengua y de investigar prescindiendo de todo plan preconcebido. «Tengo tantos vocablos en la lengua mater­na— así escribía — que antes debo quejarme de entender bien las cosas, que de la falta de las palabras con las cuales pueda expresar bien lo que concibe mi mente».

Eliminadas las suposiciones de un vocabula­rio y de una gramática vinciana, hoy en las anotaciones en parte recogidas en el Códice Trivulziáno se prefiere ver en acción la ex­perimentación especulativa del filólogo en busca de una eficaz y sencilla forma lite­raria. «Las buenas letras han nacido de un natural bueno y puesto que se debe pre­cisar más la causa que el efecto, más pre­ciaré una buena naturalidad sin letras, que un buen literato sin naturalidad.» De tal modo, tomada de la fuente viva del habla florentina, la lengua de Leonardo se torna ágil y dúctil: admirable instrumento para expresar los vuelos líricos de la poesía na­turalista vinciana.

C. Baroni