Cartas y Pensamientos de Ligne

[Lettres et pensées]. Selección de escritos y anécdotas de Charles-Joseph, príncipe de Ligne (1735-1814), publicada en 1809 por Madame Staél y considerada como el testi­monio más significativo sobre el famoso ma­riscal austríaco, belga de nacimiento, grande de España por herencia y fundamentalmente francés por su educación y pensamiento. En su obra multiforme de escritor militar y de hombre de mundo (ilustrada con los 34 vo­lúmenes de su Miscelánea [Mélanges] y pu­blicada desde 1795 a 1811), esta antología conserva la frescura de una conversación de salón sazonada por el brío que le infunde un getilhombre, amigo de reyes y reinas, y sonriente juez de la vida de toda Europa. Sus «pensamientos», ricos en la experiencia filosófica de la época del absolutismo refor­mado, se vinculan a la gran tradición de los moralistas franceses del siglo XVII. El autor sostiene, por ejemplo, que la risa entre los hombres es lo más engañoso, porque está fundada en las convenciones sociales: que los mejores amigos son los propios hijos, dignos de ser compañeros de una persona de talento, y que la muerte, tan temida por la gente, es, por el contrario, una dama augusta y serena que ofrece paz eterna des­pués de una vida tempestuosa. Nos habla también de la gracia y debilidad de las mu­jeres que crean el buen trato, pero que siempre buscan satisfacción en el amor, y de los hombres que deben ser considerados en lo mejor que tienen, puesto que en cada humano siempre hay un aspecto que es me­nester encontrar y en el que cada cual ad­quiere todo su valor. Alude igualmente, en vista de que el mundo se rige según ciertas leyes propias, a que hay que amar la pe­reza de los hombres de talento y no la de los poltrones, porque los primeros tienen una superioridad interior, en tanto que los imbéciles son sencillas criaturas ociosas, presas de maledicencias y vicios.

El que puede mostrarse original es, en realidad, un buen diablo, porque tiene fe en su carácter y evita las maneras vulgares. Entre sus «anéc­dotas y variedades» son interesantes las con­sideraciones acerca de la sociedad de su época y de los predicadores, filósofos y «moscas cocheras» que atormentan a las personas de talento con su falsa superiori­dad cultural; y sobre todo, las relativas a la vida militar, que impone tantas obligacio­nes, pero permite una libertad moral ante el mundo. Son interesantes los relatos de algunas visitas hechas a Rousseau y a Vol­taire. Sus «Cartas» poseen especial valor li­terario, pues confirman la preferencia por lo que el autor llama el don de imaginación, más coherente y vivaz en una conversación epistolar que en la de un salón entre varias y desiguales personas. Son importantes las cartas de 1785 a 1786, al rey de Polonia, acerca de la vida y costumbres de uno de los grandes hombres del siglo, Federico III de Prusia, y vivacísimas las dirigidas a la Marquesa de C[oigny] a partir de 1787, acer­ca de un viaje a Crimea junto con Catali­na II, como otras dirigidas a amigos, acerca de ciertas empresas militares en Turquía, del año 1788, con el príncipe Potemkin, favo­rito de la emperatriz rusa. Otras cartas al emperador José II, y a otros altos personajes de Europa acentúan la singular vivacidad del príncipe, su finura de ingenio y clara visión de los acontecimientos, no exenta de ciertas argucias de hombre de mundo. La selección de Madame de Staél logra extraer del montón desordenado de estudios mili­tares y literarios, y de las confesiones senti­mentales del famoso personaje, el documen­to íntimo de una personalidad y el testi­monio de su decidida influencia sobre la so­ciedad noble y cultural que va de Voltaire al Congreso de Viena.

C. Cordié