Cartas a Spallanzani, Luigi Galvani

[Lettere alio Spallanzani]. Tituladas a menudo Memorias a Spallanzani [Memorie alio Spallanzani], fueron escritas por Luigi Galvani (1737- 1798) en 1795 y publicadas dos años más tarde. Contienen lo más esencial de los ex­perimentos y de las teorías del gran cien­tífico boloñés sobre «electricidad animal», a cuyo estudio había sido inducido por las célebres observaciones sobre contracción muscular en las ranas decolladas. Como es sabido, a consecuencia de una serie de in­vestigaciones efectuadas a partir de 1786, Galvani había establecido que si se tocaban con un extremo de un arco metálico los nervios lumbares de una rana, y con el otro extremo los músculos de un muslo (de modo que se formase un circuito cerrado) el animalito, en el momento en que se ce­rraba el circuito daba un salto. Estas observaciones dieron lugar a las divergentes in­terpretaciones de Volta y Galvani. Según éste, la rana se comportaba como una «bo­tella de Leyden» viviente, en la cual las funciones vitales hubiesen acumulado elec­tricidad. Volta, en cambio, atribuyó particu­lar significado a la observación efectuada por el propio Galvani (referida también en la segunda carta a Spallanzani, Obras, pá­gina 328), es decir, al hecho de que las contracciones resultan más pronunciadas si el arquito está formado por dos metales di­versos. En consecuencia, sostuvo que el ori­gen de la fuerza electromotriz que da lugar a la corriente, hay que buscarlo en el con­tacto entre metales diferentes, y que la rana se comportaba sencillamente como un elec­troscopio, como un revelador de la corriente eléctrica de aquel modo producida.

En su empeño para demostrar este aserto, Volta llegó a, inventar la «pila». Pero la ciencia moderna da la razón tanto a Volta temo a Galvani. Especialmente en su tercera carta a Spallanzani, la teoría de Galvani está ex­presada en todos sus pormenores, con cla­ridad y brevedad, sosteniendo su autor que «la electricidad que origina las contraccio­nes musculares está ya recogida singular­mente y acumulada en los músculos, es decir, en las fibras musculares, pero en dife­rente estado, esto es, de positiva y de ne­gativa… que este círculo (de la electrici­dad) se realiza de la siguiente manera: parte la electricidad del músculo por la vía del nervio, acude al lugar en que se halla dicho nervio en el cual se siente atraída por la fuerza de la armadura y del arco; sale del nervio por el mismo lugar, expul­sada por las mismas fuerzas; entra en el arco y por medio de él vuelve finalmente con toda energía al músculo, de donde ha partido… Pues los nervios… son los conduc­tores naturales y particulares de dicha elec­tricidad, como aquellos que con sus extre­midades entran en la íntima contextura y substancia de la fibra muscular, donde la misma electricidad parece estar recogida y acumulada.

U. Forti