Cabezas Cuadradas, Enrico Panzacchi

[Teste quadre]. Colección de ensayos de Enrico Panzacchi (1840-1904), publicada en Bolonia en 1881. Los tres primeros son los más impor­tantes. El primero obedece al nuevo fervor estudioso en torno a la vida y a las obras de Galileo Galilei, para sintetizar las ra­zones de este perenne interés por el cien­tífico italiano. Panzacchi las halla sobre todo en la «fuerza del ingenio crítico» que sólo puede compararse al de Sócrates, con quien tiene indudables puntos de contacto. Fue efectivamente mérito de Galileo el ha­ber sabido llegar, a través de una atenta investigación de cuanto había de erróneo en la ciencia anterior y contemporánea, a un nuevo método de investigación basado en la independencia de la misma ciencia respec­to a otras disciplinas, con las que se solía unirla por el principio de unidad enciclo­pédica propio de la Edad Media. El segundo está dedicado a Ricardo Wagner y recoge las impresiones de Panzacchi sobre las re­presentaciones de la tetralogía en Bayreuth. Era el período en que más se encarnizaban los debates sobre la innovación aportada por el músico alemán en el melodrama; según Panzacchi, la tetralogía, en la que Wagner, irritado por la incomprensión del público por su doctrina, quiere llevar a las últi­mas consecuencias los principios enuncia­dos por él, es inferior a las^ óperas prece­dentes y provoca una sensación «de cansan­cio y de vacío».

El haber querido asignar al melodrama entre las artes modernas, el lugar que ocupó la tragedia entre los grie­gos, había de llevar indudablemente a dicho desequilibrio entre poesía y música que, en sentido contrario, se había reprochado ya a los maestros anteriores a la reforma gluckiana. El tercero es un estudio sobre las Nuevas Poesías de Carducci, juzgadas como expresión de la plenitud artística al­canzada por el poeta. Panzacchi, llevado a hablar brevemente de las imitaciones de Carducci, niega que en él se encuentren rasgos heinianos, porque si existiesen rela­ciones entre ambos poetas, tendrían más bien que buscarse en la acción literaria que ambos ejercieron sobre su país, como des­tructores de las escuelas históricas domi­nantes. Sigue un examen de Mis recuerdos (v.) de Massimo D’Azeglio, considerados como biografía de un hombre que supo unir la espontaneidad a un fuerte sentido del deber; una inteligente revisión de la pro­ducción poética de Tommaseo a través de la apreciación de algunas «novedades» que introdujo en la selección de temas y en la variedad de escritos; un breve ensayo so­bre Ettore Mori, que había publicado du­rante aquellos años una historia de la Re­forma; un discurso que Panzacchi pronun­ció en la inauguración del monumento a Giusti en Monsummano y una crítica de la novela Jacinta (v.) de Capuana a través de los elementos que derivan de la escuela realista francesa. Termina la serie un aná­lisis de los reflejos que tuvo el pesimismo en la literatura y particularmente en la poesía de Leopardi, en el cual Panzacchi acaba concluyendo que si este pesimismo informase al artista por completo, exclu­yendo todo ideal, la obra de arte acabaría por fracasar.

T. Momigliano