Árbol de la Filosofía de Amor, Ramón Llull

[Arbol philosophiae amoris]. Escrito de fi­losofía mística del filósofo, teólogo, místico y poeta catalán Ramón Llull (1233-1315/ 16). Parece compuesto en 1298. Desenvuelve el Ars amativa boni (1290), de Llull, filo­sofía mística del amor del bien y de Dios, elaborada según el método silogístico y las reglas del Ars magna (v.). Está dedicado a Felipe el Hermoso y a Juana de Navarra, «para que lo difundan en Francia en honor de Nuestra Señora la Virgen que es Dama Soberana de amor». Llull, durante una ex­cursión por un bosque, encuentra una hermosa dama, ricamente vestida, que llora amargamente. Es la «Filosofía de amor» que se lamenta porque los hombres la ol­vidan, para seguir a la «Filosofía de la Ciencia», su hermana. Llull, conmovido, promete escribir una obra en su honor, bajo la forma alegórica de un árbol cuyas partes son: las raíces (bondad, voluntad, virtud, verdad, etc.); el tronco (la forma y la materia del amor y su unión); las ra­mas (las condiciones, los problemas, las sú­plicas del amor); las ramitas (liberalidad, belleza, consuelo del amor); las hojas (los suspiros, los llantos, los temores); las flores (la exaltación, las alabanzas, los honores del amado); los frutos (Dios, su obra, la bienaventuranza eterna).

A la alegoría del árbol, cuyas interpretaciones se van dando para cada una de las partes, corresponde una amplia ilustración también alegórica, en la que el Amado (Dios), el Amigo, el hombre que ama (a Dios), el Amor (la Caridad), los Donceles del Amor (las obras de Caridad), la Señora del Amor (toda raíz de éste), y el águila del Amor (el amor sublime), representan el drama de ento­nación bíblica, del amor de Dios, cuyo epílogo es la muerte de puro amor «porque fuerte como la muerte es Amor». La alego­ría, aunque ingeniosa y elaborada con gran­de esfuerzo de simbolismo, en el estilo de la época, necesitaría ser explicada, en el senti­do recóndito que sobrentiende más que ex­plica. Esto ya lo había notado su editor Jodocus Badius «Ascensius», el cual, en su edición del 1516, comentaba: «al fruto supremo del amor, la beatitud eterna, nos conduce Ramón con sutil investigación, por vías de caridad, ciertamente no bien visibles al primer aspecto…» y anima des­pués al lector a leer la obra tres o cuatro veces para poder iniciarse con placer en los sagrados misterios de tal filosofía. Desde el punto de vista literario, en este libro, en cuyo fundamento se halla la tradición agustiniana y franciscana, y en el Libro del Amigo y del Amado (v.), breviario mís­tico de 365 metáforas morales, Llull se re­vela como el primer gran escritor de la li­teratura catalana, en el campo universal del pensamiento cristiano.

G. Pioli