Álbum, Villard de Honnecourt

Obra de Villard de Honnecourt. célebre arquitecto del siglo XIII, a quien, entre otras iglesias, se debe la Colegiata de Saint-Guentin. Villard de Honnecourt fue, como todos los ilustres «maestros de obras» de esta época, un gran viajero; incluso en Hungría se registran huellas de su paso. En el Album que nos ha dejado, quizás es el documento más precioso sobre el arte de la Edad Media, se contienen dibujos relacio­nados con los monumentos que estudió o construyó. En las hojas de este cuaderno, encontraremos planos de iglesias, motivos decorativos y apuntes de figuras compues­tas, nombres de ellas según esquemas geo­métricos muy peculiares, que recuerdan conjuntamente la antigua ley de la «sec­ción áurea» y las tradiciones de los cons­tructores de la Edad Media, permitiéndonos captar, en su esencia íntima, el sen­tido de la forma que inspiraba y guiaba a los artistas de la época gótica. Fue publi­cado, primeramente, por Darcel y Lassaus, en 1858, y, luego, por Omont, en la colec­ción conjunta de reproducciones de manus­critos de la Biblioteca Nacional francesa. La publicación más completa y reciente es la de H. P. Hahnloser (Viena, 1935). «El maestro de obras picardo — escribe H. Focillon, en Arte de Occidente (v.) —, cuya producción revela una vasta curiosidad, ali­mentada por múltiples experiencias y viajes al extranjero, logró encontrar en el siglo XIII ciertos aspectos de ese «arte per­dido» cuyas reglas ya habían olvidado los escultores de su tiempo y del que no se cree hallar rastro después de él.

Al insis­tir en el interés de lo que llamaba «l’art de jométrie» (el arte de la geometría) y penetrar en el secreto de triangular las fi­guras, confirmaba el valor histórico de los procedimientos que hemos analizado, su autenticidad, su carácter sistemático… Se cometería un grave error al considerar a Villard de Honnecourt, basándose en sus búsquedas sobre el orden canónico de las formas y en los múltiples aspectos que brindan sus curiosidades, como un precur­sor, una anticipación del Renacimiento; ja­más estuvo nadie más íntimamente ligado a su tiempo. El inmenso interés que presenta un documento único como el Álbum, estri­ba en hacernos conocer, en efecto, a través de su complejidad de aspectos y de su uni­dad de pensamiento y sentimiento, ese «arte ecuménico», europeo universal, que fue el arte gótico, en su busca de la belleza, en su profunda y ardiente espiritualidad, como también en esa su aspiración de descubrir, bajo las formas móviles y perecederas, los esquemas eternos, los «cánones» de una perfección cuyas leyes había fijado la geo­metría.