Yajur-Veda, Anónimo

Uno de los cuatro Veda (v.) de los hindúes, destinado al «adhvaryu» u oferente del sacrificio. Existían mu­chas redacciones de él; conocemos sólo cinco, de las cuales las cuatro primeras forman el Yajur-Veda negro, y la quinta el Yajur-Veda blanco, llamado así porque con­tiene la revelación hecha al sabio Yājñavalkya por el dios Sol (al otro se le llamó negro por antítesis).

Mientras el blanco con­tiene sólo las fórmulas de los sacrificios, el negro, más antiguo, nos habla de los ritos y contiene las fórmulas y oraciones para los más importantes sacrificios, como los de la luna nueva y de la luna llena, para el culto cotidiano del fuego, para el sacrificio de las estaciones, para los sacrificios al dios Soma (v.), para los de los animales. Se dan reglas minuciosas para la construcción del altar que ha de ser erigido en forma sim­bólica y determinada. Se fija hasta la com­posición de los ladrillos con que está cons­truido. Tampoco faltan himnos de carácter filosófico y cosmogónico. Un capítulo muy importante es el consagrado al sacrificio del caballo o «aśvamedha», que se hacía para asegurar al rey la victoria y el do­minio del mundo. Una sección entera ,está consagrada al culto de los muertos. En el Yajur-Veda no faltan partes místicas como las que se refieren a la ceremonia llamada «pravargya», en la que una cacerola puesta al rojo en la lumbre simboliza al sol: en ella se vierte leche, y se hacen sacrificios a los dioses Aśvin (v.).

El Yajur-Veda está en verso y en prosa ritmada. Es muy impor­tante para el estudio de la plegaria. De sencillas expresiones, como: «da esto para el dios Agni y esto para el dios Indra», se llega a afirmaciones de carácter poético: «Agni es luz, luz es Agni». Es también muy importante para el estudio de los ritos mágicos. Son frecuentes las adivinanzas, los enigmas, los largos catálogos de nombres con que una misma divinidad es invocada (letanías), pero que tienen su valor místico. El Yajur-Veda nos introduce, finalmente, con respecto al Rig-Veda (v.), en un nuevo país y- en un nuevo ambiente de la civilización hindú. Desde el valle del Indo pasamos al del Ganges. El sacrificio, que en el Rig-Veda es un medio para propiciarse a los dioses, se torna aquí fin por sí mismo, desarrolla una fuerza imperiosa a la que la naturaleza y hasta los dioses deben obedecer. La religión asume en ella la forma de un sacramentalismo mnemònico y mágico.

He aquí la bella plegaria que acompaña al sacrificio del caballo: «Oh Brahma (nombre con que se designa lo absoluto), que pueda nacer en este reino el brahmán que resplandezca por su ciencia. Nazca en él el guerrero que sea un héroe, un valeroso defensor, buen arquero y valiente auriga. Nazca en él la vaca que dé buena leche, el buey que tire bien, el caballo veloz, la prudente ama de casa. Nazca por este sacrificio un hijo he­roico que sea un auriga victorioso y hábil, y elocuente en las asambleas. El dios de la lluvia nos envíe agua, cuánta agua deseemos. Maduren fecundos los frutos de nues­tras plantas. Podamos nosotros ser partíci­pes de prosperidad y bienestar». Trad. ita­liana de Ferdinando Belloni Filippi (Lanciano, 1912).

A. M. Pizzagalli