[Rappresentazione del di del giudizio]. Fue escrita por Feo Belcari (1410-1484) y Antonio de Miglio, llamado también Pregonero a causa de su oficio, hacia 1445 y con una intención más edificante que artística.
La forma poética, aunque no exenta de acentos espiritualmente nobles, es tan fría que pone todavía más de relieve el contraste entre la inmensidad del tema y las fuerzas de los dos poetas. Después que el Ángel ha pronunciado la evocación de los muertos, Minos habla a los diablos, a Cristo y al ejército de los ángeles. Y empieza la selección de los muertos, a cada uno de los cuales se le asigna la sentencia de la justicia divina para toda la eternidad. San Miguel es el ejecutor: ve a un hipócrita entre los buenos y lo pone entre los malos. Trajano es colocado entre los buenos. Esta escena se repite infinidad de veces con la sola variación de los pecadores y de los verdugos, alternando un reo con un elegido: un padre bueno y otro malo; los clérigos simuladores y los buenos sacerdotes, alrededor de San Pedro, los pobres alrededor de San Francisco.
Los santos patronos tienen mucho trabajo para defender a sus buenos e invocar la clemencia de Dios. Las mujeres se dirigen a la Magdalena, la cual no duda en condenar a las que han llevado una vida viciosa; tampoco una adúltera tiene mejor suerte. La aparición de Jesús juez es terrible: su sentencia tiene la solemnidad de la eterna justicia. Siguen alocuciones entre Jesús y los elegidos, entre Cristo y los reos, hasta que Minos ordena a Calabrino, su escudero, que tome un reo de cada clase, mientras que los ángeles conducirán a los justos al premio eterno. De esta alegoría el Ángel saca la moraleja y exhorta al pueblo a la oración. Sin tener en cuenta las reminiscencias dantescas y las de innumerables leyenda que florecieron en la Edad Media con base en las Sagradas Escrituras, podemos valorar mejor esta Representación relacionándola con aquellas composiciones espectaculares y pictóricas en las que se introduce con mayor o menor viveza la pintura de costumbres de la época, según el concepto de actualizar las composiciones sagradas de cada arte, característico del espíritu católico.
M. Ferrigni
Es el arte de un predicador que, en su oratoria, dramatiza y modifica su voz (pero la voz permanece siempre la misma) imitando a los diferentes personajes que expresan las situaciones que quiere imprimir en las mentes. (B. Croce)

