Es el más importante «misterio de la Pasión» y también el más antiguo: un misterio bizantino donde se narra, en forma dramática y en 2.640 versos, la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Los personajes son: Cristo, la Virgen Madre, José, el Teólogo, Magdalena, Nicodemo, los Mensajeros, el Coro de las Vírgenes, el Adolescente, los Sacerdotes y Pilatos.
El estilo y el idioma de la obra siguen la gran tradición trágica griega, particularmente euripidea, aunque a veces la imitación se limita a ser formal. Lo cual, junto con otros elementos (por ejemplo una segura reminiscencia de Romano el Melódico), induce a rechazar la unánime atribución de los códigos a San Gregorio Nacianceno (siglo IV).
Es más probable, en cambio, que la obra pertenezca a aquel período del renacimiento bizantino (alrededor del siglo IX), en que se empezó a estudiar de nuevo y directamente los grandes autores clásicos, y en particular los trágicos. No es posible, empero, entre las muchas atribuciones propuestas por la crítica moderna, indicar una que parezca segura.
La obra está animada por un soplo de gran poesía y a la vez de una poderosa religiosidad; es una de las pocas, en toda la literatura mundial, en que la inspiración religiosa haya llegado a ser efectivamente materia de poesía. La grandeza del acontecimiento es sentida y descrita en todo su valor humano, cósmico y divino.
Entre las personas del drama es particularmente rica en poesía la figura de la Virgen, que, aun conociendo la gloriosa resurrección de su Hijo, llora su pasión y muerte con emocionados acentos de humano y maternal dolor; lo cual hace de ella un personaje verdaderamente vivo y poético, y en vez de rebajar la divinidad, exalta el más puro de los afectos humanos hasta el esplendor de lo divino.
Aunque el drama no fue conocido en Occidente hasta 1542 (edición romana), son indudables, aunque no aclaradas hasta la fecha, sus relaciones con las numerosas producciones tornado y preso de los remordimientos por haber renegado de Jesús, la Pasión del Redentor. El coro comenta y concluye las dos partes, anunciando el castigo para los réprobos y la esperanza de la redención. La expresión ingenua y emocionada de los afectos, el tono moderado y humilde del sentimiento y la fuerza del aliento lírico revelan una sincera devoción, que la fácil oratoria de la «arietta» no consigue desvirtuar por completo.
C. Capasso

