Opúsculos Para los Tiempos Actuales

 [Tracts for the Times]. Serie de 90 opúsculos ingleses de distintos autores y de tema polémico religioso, publicados entre 1833 y 1841.

Los elementos más con­servadores de la Iglesia anglicana, alarma­dos frente a la política religiosa del gobierno de lord Grey, especialmente después de la supresión de diez obispados en Irlanda, temieron que se amenazara la posición de privilegio de la Iglesia misma.

La propuesta del doctor Arnold de que se dictara una ley imponiendo la unión de las distintas sectas, y la circulación de opúsculos que pedían la abolición, por lo menos en el culto público, de todos los símbolos de la fe y de toda mención de la Trinidad, la supresión de la doctrina de la regeneración mediante el bautismo y de la absolución de los pe­cados, aumentaron la sensación de peligro y preocupación.

John Keble (1792-.1866), teólogo y profesor de poesía de la univer­sidad de Oxford, en el sermón predicado en dicha universidad el 14 de julio de 1833 y publicado más tarde con el título de Apostasía nacional [National Apostasyj, sostuvo que Inglaterra, como nación cristiana, es­taba vinculada en su legislación y política a las leyes fundamentales de la Iglesia, y que renegarlas como se estaba haciendo significaba rechazar la soberanía de Dios, lo cual era una apostasía.

Este sermón hizo gran impresión y señaló el origen del lla­mado movimiento de Oxford, cuyos prime­ros defensores, además del mencionado J. Keble, fueron: el futuro cardenal John Henry Newman (1801-1890), que acababa de regresar de Italia, aunque sin pasar to­davía al catolicismo; Richard Hurrell Froude (1803-1836), William Palmer (1803-1885), Hugh James Rose (1795-1838), el único de todos éstos que no colaboró en los tracts; John William Bowden (1798-1844), Thomas Keble (1793-1875), Arthur Philip Perceval (1799-1853), Isaac Williams (1802-1865) y Charles Marriott (1811-1882), profesor de hebreo en la universidad de Oxford.

Hacia finales de julio de 1833, en la casa parro­quial de Rose, en Hadleigh, condado de Suffolk, se celebró una reunión para discutir un plan de acción. Unos querían fundar una asociación cuyo centro estuviera en Lon­dres, pero acabó dominando la idea de que, para un movimiento intelectual, era más adecuado Oxford, y se decidió la publica­ción de los Opúsculos.

El primer número, con fecha 9 de septiembre de 1833, era de Newman, que no había participado en la reunión de Hadleigh aunque se había man­tenido en contacto con ella y había recha­zado la idea de la propuesta asociación, convencido de que la Iglesia necesitaba en aquel momento que se hablara alto y claro, lo cual sólo podía hacerse individualmente, aunque actuando todos según un plan pre­fijado.

En el primer opúsculo, escrito con la convicción de que la antigua religión había desaparecido casi por completo del país a causa de los cambios políticos de los últimos 150 años, sostenía que era necesario restablecer la doctrina de la sucesión apos­tólica y el poder de absolución de los pe­cados.

En los opúsculos que se sucedieron rápidamente y alcanzaron una amplia difu­sión se trataron los siguientes temas: la verdadera y esencial naturaleza de la Igle­sia cristiana, su relación con las épocas pri­mitivas, su autoridad, su política y gobier­no, las objeciones corrientes en Inglaterra a sus doctrinas y ceremonias, la duración de los rezos, el servicio fúnebre, las modifi­caciones propuestas en la liturgia, la blan­dura de su disciplina, los pecados, la corrup­ción de todas las ramas del cristianismo.

Hacia finales de 1834 se recogieron los pri­meros 46 opúsculos en un volumen, con una Advertencia inicial en la que se expli­caba claramente que su fin era el de hacer revivir esas antiguas doctrinas que habían casi desaparecido en la Iglesia.

Cuando, al poco tiempo, Pusey se unió al movimiento, los opúsculos cambiaron de forma; de breves escritos incompletos, a menudo rápidos apuntes, pasaron a ser ensayos en forma, cuidadosamente compuestos.

Los números 67, 68 y 69, obra de Pusey, formaron juntos un volumen de aproximadamente 300 pá­ginas, dedicado al bautismo. Después de Newman, Pusey fue el colaborador más importante de los tratados.

El número 80, de Williams, sobre la Reserva en la ense­ñanza religiosa, hizo cundir la alarma y acentuó la acusación de que el movimiento quería, disfrazadamente, introducir el ca­tolicismo romano.

Pero el número que mayores protestas suscitó fue el 90, publi­cado el 27 de febrero de 1841. En el mismo, Newman sostenía la tesis de que los céle­bres 39 artículos de fe aprobados en 1562 y que constituían la base de la Iglesia an­glicana, si se les interpretaba bien no con­trastaban realmente con la doctrina cató­lica, sino que tan sólo querían corregir sus desviaciones y los abusos de las prác­ticas religiosas, y que tampoco las defini­ciones del Concilio de Trento quedaban directa e intencionalmente contradichas, tesis ésta que, por lo demás, ya sostuvieron los teólogos anglicanos del siglo XVII.

El movimiento que, por lo menos en sus orí­genes, quería seguir un camino medio entre el protestantismo y el catolicismo, desem­bocó de este modo a una toma de posición que, aunque siendo siempre anglicana, era abiertamente favorable a la Iglesia católica.

Este escrito de Newman recibió una inme­diata condena por parte de las autoridades académicas de Oxford, el 15 de marzo, aun antes de que su autor tuviera tiempo para defenderse. Contra otros, las medidas fue­ron todavía más draconianas; a William se le negó la sucesión a Keble como profe­sor de poesía; William George Ward (1812- 1882) fue despedido, al principio, como lec­tor de matemáticas, y en 1845 se le quitó el grado académico.

Esto provocó una esci­sión: mientras algunos, como Pusey, si­guieron en la Iglesia anglicana, otros siguie­ron el ejemplo de Newman y se hicieron católicos.

B. Cellini