[Wajedabber] Es el cuarto libro de la Sagrada Biblia, uno de los cinco del Pentateuco (v.) atribuido a Moisés. Fue llamado así por los alejandrinos y la Vulgata (v. Biblia), porque sus primeros capítulos dan una relación de «toda la asamblea de los hijos de Israel según su estirpe y sus casas». El nombre hebreo, como en los demás libros del Pentateuco, no es más que la primera palabra del primer versículo. El libro comprende 36 capítulos y se divide en tres partes.
La primera parte (I, 1-X, 10) refiere los preparativos para la partida del Sinaí, o sea, el empadronamiento del pueblo y de los levitas, el orden de la tribu en las marchas, los oficios de los levitas; varias leyes relativas a las impurezas, a los réditos de los sacerdotes, a la consagración de los levitas, a la Pascua; las señales para las marchas, la nube, el fuego, las trompetas.
La segunda parte (X, 11-XXI, 35) trata del viaje del Sinaí a Moab, viaje que duró 38 años. Acerca de este período, desde la partida del Sinaí a la entrada en Canaán, la Biblia no dice casi nada. Sólo se nos refieren los acontecimientos que justifican la sentencia de reprobación que Dios pronunciará contra la generación que había sido liberada de la opresión de Egipto, impidiendo que ella entre en la Tierra Prometida. Cerca de cuarenta años después de la salida de Egipto, Israel reanudará su marcha hacia Canaán.
En el comienzo de la larga y fatigosa peregrinación muere Aarón en el monte Hor, no muy distante de Cades. La Transjordania es conquistada a mano armada. Entre los reyes vencidos figura Balac, rey de Moab, que, con los ancianos de Madián, más confiado en el poder de la magia que en el valor de sus guerreros, mandó llamar al adivino Balaam, el cual es obligado por una fuerza divina a bendecir a Israel, en lugar de maldecirlo.
De Balaam, politeísta y extranjero, es el oráculo mesiánico, pronunciado contra su voluntad: «Aparecerá una estrella de Jacob y surgirá un cetro de Israel». La tercera parte (XXII, 1-XXXVI, 13), además del oráculo de Balaam y algunas nuevas disposiciones para los sacrificios y las fiestas, nos habla de la victoria de Israel sobre los madianitas, del gran botín cobrado y de la división del territorio al este del Jordán. Este libro comprende un período de algo más de treinta y ocho años.
El hecho religioso más destacado es el vaticinio de Balaam; otro hecho, muy notable por su significado religioso, es el de la serpiente de bronce, fabricada por Moisés para la liberación y curación de las heridas causadas por las serpientes venenosas del desierto: la serpiente de bronce es figura de Jesucristo (v. Evangelio de San Juan, III, 14-15). Literariamente, este libro es notable porque en los capítulos XXI-XXIV nos han sido conservadas muestras de antiquísimos cantos populares.
G. Boson

