La Vida y la Muerte del Rey Juan, William Shakespeare

[The Life and Death of King John]. Drama histórico en cinco actos y en verso, refundido por William Shakespeare (1564- 1616), sobre un drama preexistente, El tur­bulento reinado del rey Juan [The Troublesome Reign of King John], publicado en dos partes en 1591.

La revisión, que Sha­kespeare marcó con su superior genio dra­mático y poético, se hizo quizás en 1596-97 y no se imprimió hasta el infolio de 1623. El drama, que no sigue con demasiada fide­lidad los acontecimientos históricos (es ex­traño, por ejemplo, que no se cite la Carta Magna de 1215), trata los principales episo­dios del reinado del tiránico y astuto Nerón inglés, especialmente la supresión de su joven sobrino Arturo (Arthur); en una de las escenas más vigorosas (la tercera del acto tercero), el rey excita a Humberto (Hubert) de Burgh a que lo quite de en medio, porque se cruza en su camino hacia el poder. Humberto se apresta a privar a Ar­turo de la vista con hierros candentes, pero el joven, en una escena patética (IV, 1), consigue conmoverlo; sin embargo, más tarde, Arturo se mata al saltar los muros del castillo.

El dolor de Constanza (Constance), madre de Arturo, ante la noticia del encarcelamiento de su hijo, está reflejado con mucha eficacia, y los últimos instantes del rey Juan, en Swinstead Abbey, están pintados de modo que mitigan la odiosidad del protagonista. Pero el personaje más no­table del drama es quizás el bastardo Felipe (Philip) Faulconbridge (v.), en quien se resume el espíritu de intriga, aventura y avidez de poder que domina el drama. Su hermano Roberto (Robert) intenta promo­verle un proceso con motivo de su patrimo­nio, y ello le hace reconocer precisamente como hijo natural de Ricardo Corazón de León.

El drama, aunque poco notable desde el punto de vista literario, ha disfrutado siempre de mucho éxito en los escenarios ingleses, especialmente por tratar el con­flicto entre la monarquía inglesa y el papa­do, y ofrece momentos dramáticos de efecto y posibilidades de poner en escena costum­bres pintorescas. Su principal interés crí­tico radica en la posibilidad que nos ofrece de estudiar de cerca la técnica de Shakes­peare, pues es el único drama del que se conserva la redacción anterior a la shakespeariana. [Trad. española de Luis Astrana Marín, en Obras completas (Madrid, 1930; 10.a ed., 1951)].

M. Praz

Bueno a lo más para los salvajes del Ca­nadá. (Federico II)

Shakespeare no es su hijo (de los poetas griegos y romanos), sino su hermano: es su igual; ello a pesar de todos sus defectos. (Young)

El que me haya permitido atacarlo de tarde en tarde en Wilhelm Meister no quiere decir nada. Shakespeare no es un poeta teatral, no pensó en la escena, que era de­masiado angosta para su espíritu; sí, incluso el mundo visible era angosto para él. Era demasiado rico y poderoso. (Goethe)

Shakespeare «domina la escena», la do­mina desde la primera palabra hasta la última de cada uno de sus dramas, incluso cuando se trata de dramas secundarios en su obra, pero que constituirían la gloria inmortal de la obra de cualquier otro. (Du Bos)